Roque Dalton.

Textos y Audio:

https://www.youtube.com/watch?v=XA20-1T_cNg
(Mi primera reunión-voz de Julio Cortázar)

Solo el Inicio
(de Historias y Poemas de una Lucha de Clases).

Una mi amiga medio poetisa
definía así el lamento
de los intelectuales de la clase media:
«Soy prisionero de la burguesía:
no puedo salir de mí mismo.»

Y el maishtro Bertold Brecht,
comunista, dramaturgo y poeta alemán
(en ese orden) escribió:
«¿Qué es el asalto a un Banco
comparado con el crimen
de la fundación de un Banco?»

De lo cual yo concluyo
que si para salir de sí mismo
un intelectual de la clase media
asalta un Banco,
no habrá hecho hasta entonces
sino ganar cien años de perdón.

***

PREPARAR LA PRÓXIMA HORA
[de “Poemas de la última cárcel”]

NO QUERRÍA PENSAR en el destino. Por alguna razón
lo asocio a olvidados tapices de vergüenza y majestad
donde un rostro impasible (como el de Selassie )
luchase por imponerme una marca eterna. Sólo el aire
absurdo de frío en este mi país-sartén aplaude
hasta llegar al corazón en esta hora. Oh asalto,
oh palabras que ya no pronunciaré igualmente,
sitio de comisiones para los abuelos que regresan.

Esta mañana el vigilante trajo tan sólo sobras
para mí —no ha sufrido, el pobre—
que con la niebla han dado nombre al día.

Son trozos muertos de sal de algún marisco muerto,
tortillas de maíz atacadas con esa vieja furia
sin más lugares tibios que vejar,
restos de un arroz bronco como de tres abanderados soberbios
ocupados en perdonar vidas de corderos y crudas lógicas.

La pared está llena de fechas que cargo zozobrante,
piezas de la fatiga final, desnuda, que gritan y que son peores testigos de algo que ni mis lágrimas borrarían
(el miedo?).

He orado (soy Fausto), me he dado besos en las manos,
me he dicho ancianamente
haciendo rebotar el aliento en un rincón helado de la celda
“pobrecito olvidado, pobrecito,
con la mayor parte de la muerte a tu cargo,
mientras en algún lugar del mundo alguien desnuda bellas armas
o canta himnos de rebelión que sus mujeres prefieren a las joyas
tú escuchas marimbas de miel
después de ser escupido por un déspota de provincia,
sientes el rumor de tus uñas
creciendo contra la piel del zapato,
hueles mal (esto lo ampliaré en otra parte),
tratas de hallar una señal que diga ‘vivirás’
aun en una mariposa o un hato de tempestades…”

Aleluya estricta, bien gritada ante las estrellas imposibles,
qué bella viene de pronto la cólera
filo inmenso, cuánto vales a mi alma,
homenaje a los sacrificados sin bellos puntos finales,
cólera, cólera, oh madre preciosa, justa raíz de sed,
has llegado…

En el patio lejano la luz del sol
será como una gata blanca. ¿Estoy acaso listo
para dejarme ver la cara en la próxima hora del agua?
Sí. Pediré un cigarrillo.

*****

Por qué escribimos
[de La ventana en el rostro (1961)]

Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan , hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.

Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.

Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.

Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.