Una de gendarmes…

Autor: Alejandro Tambussi

21314785_1518440324911014_3242816359176049547_nApenas recorridos los primeros trescientos metros del viaje que me llevaría de regreso a Villa Manzano desde Junín de los Andes, una pareja me hizo “dedo”, en pleno centro de la ciudad. Paré, dispuesto a llevarlos. Eran muy jóvenes; él, de unos 22 o 23 años; ella, apenas diecisiete o dieciocho. Él, rostro mapuche, rastas. Ella, pálida, delgada, los cabellos largos teñidos de rojo, verde…Tenían una mochila, un tambor y sombreros murgueros por equipaje. En la mochila, acomodados y sujetos en la parte exterior, un juego de bolos de malabares.
Comenzamos el viaje e inmediatamente comenzaron a circular los mates y las palabras. Van a Neuquén, a un encuentro de murgueros (estilo porteño) que se realiza en la universidad. Se ponen contentos cuando les digo que los llevo hasta su destino. Unos pocos kilómetros me bastaron para confirmar mi primera impresión, cuando me detuve: son excelentes y bellas personas, plenas de ganas de ver el mundo, de viajar, de estudiar historia y bellas artes, y con mucha sensibilidad social.Los cien kilómetros, aproximadamente, que recorrimos hasta llegar a la confluencia del Collón Cura con el Limay se comprimieron en un instante. Al llegar a ese punto, donde se unen la ruta que viene de Bariloche con la ruta que transitábamos nosotros, había un operativo de Gendarmería, en el mismo lugar donde está instalada en forma permanente la policía de la provincia de Neuquén. Pero el operativo era de los verdes. Nos pararon, me pidieron la documentación de rutina y, una vez que la constataron, se dieron a una revisación de todo el equipaje de la pareja, de un modo al que adjetivar de “minucioso” es quedarse cortos. Debo reconocer que no fue violenta, en el sentido usual del término, y que la revisación de las pertenencias de la chica la hizo una gendarme, mujer. Pero desarmaron toda la mochila, revisaron hasta los últimos y más ínfimos compartimientos de las riñoneras, les preguntaron “si consumían” (lo que, entiendo, no corresponde legalmente). Mientras tanto, a mí no me revisaron nada. En un primer momento me quedé arriba del auto pero al comprobar que la cuestión se prolongaba (y, además, no estaba seguro si les iban a encontrar marihuana, no habíamos hablado nada al respecto), bajé y comencé a observar. En un momento, le dije a los gendarmes, de buen modo: “entiendo que están haciendo su trabajo, pero ustedes saben que los verdaderos ladrones o narcos no están acá, no viajan en estos autos”. Uno me contestó que era prevención. Lo dejé ahí. Después del incidente se me ocurrieron un par de cosas para pincharlos un poco; de todos modos, no era mi intención encarajinar la cosa como para que nos demoraran mucho. Finalmente, se dieron por satisfechos y pudimos seguir viaje.
Ahora sí charlamos un poco sobre lo sucedido. El pibe me contó que cuando le preguntaron si consumía había dicho que sí, pero que eso no tenía nada que ver. Por otro lado, también me dijo que cuando viajaban no llevaban marihuana, justamente para evitar malos ratos como el que pudo haber ocurrido.
En síntesis, gendarmes que se ensañan con gente joven, con portación de rostro (mapuche, oscuro, pobre) y cuyos valores están muy por encima de los que mandan a las fuerzas de seguridad y de mucha gente “linda” que andan en Audis y Mercedes. Gente que rara vez es molestada. La gendarmería siempre tiene este estilo pero con la Bullrich como ministra sienten que tienen carta libre.
Nada nuevo bajo el sol. Cientos de ejemplos podrían darse; basta recordar a Santiago Maldonado. Pero creo que vale compartir la experiencia.

 

 

 

 

 

 

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