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Septiembre es once y no cae como torres de papel.
Septiembre arde en nuestra memoria arrasada, con el humo que oscurece la historia y el dolor que pica como chile en la boca.
Septiembre es once y se resiste a saludar al maestro que enseñó a matar indios y a blanquear el rostro de una patria enajenada. Septiembre se vuelve fuentealba en las escuelas que quieren enseñar luchando la memoria patagónica de las rebeldías.
Septiembre es 16 como hoy. Y escribe con lápices los nombres de las niñas y los niños que alfabetizan con el abecedario de la libertad. Septiembre es 16 como hoy y sigue marchando en las calles anunciando primaveras en las que se abrirán las grandes alamedas.
Septiembre es 16 como hoy, y no nos olvidamos de Marcelo sigue muriendo en la montañita. Marcelo, el teniente Rodolfo del frente Farabundo martí de liberación nacional, que sigue naciendo en Chalatenango y sigue mirándonos sin saber en qué vuelta de la historia se perdieron aquellos juramentos.
Es 16 de septiembre, y el mundo se calla de espanto repetido, de espanto que hace eco en la masacre de los campos de refugiados palestinos de sabrá y chatila. ¿Cuántos sabrá y chatila arden en gaza? ¿Cuántos silencios duelen todos los septiembres?
Septiembre es 18 y tiene nombre de julio. Tiene voces que lo llaman, que lo siguen buscando entre los escombros de la patética parodia oficial.
Septiembre se puebla de colores y de primaveras rotas en todas las esquinas.
Y sin embargo volvemos a florecer tercamente en cada herida, renovando promesas de revoluciones. Cantando como Víctor, con las manos arrancadas. Escribiendo como Pablo agónicas despedidas. Florecemos palabras, gestos, caricias y pasiones.
Bordamos tapices con los colores que encontramos en la tierra, entre las plumas de las pájaras, entre las tonalidades de los arcoiris.
Es septiembre y nos sabemos fuertes. Nos sabemos enteras. Nos sabemos libres.
Navegamos nuestras propias vidas, hacia el sur, hacia el fuego, hasta el último aliento.
Con Macky cruzamos la frontera en una barca de poemas.
Cambiamos de piel pero no de corazón.
Y aullamos de deseo, cuando el cielo pinta la luna llena.

Claudia Korol- septiembre 2014

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