TELON BUEN OTOÑO

Autor: Sebastián Alegre Viento del Sur

Juicios a Genocidas

 

¿Cuántas veces –aunque sugiera pensar en una paradoja- hemos escuchado hablar de los escenarios de la realidad? Sin embrago, la realidad –o eso que llamamos de manera tan desfachatada “la realidad”, es inasible. Preciso es seccionarla para comprender al menos alguno de sus compartimientos. Un escenario es justamente eso: una parcialidad que tiene berretines de totalidad; una vitrina que se piensa opaca. Apelamos, entonces, a la extensa benevolencia de nuestros lectores ante esta editorial experimental. Quisimos ver la realidad en escena, y así la imaginamos. Cumplimos en aclararles que sus ribetes más bufonescos son un reflejo casi fiel de los elementos que quisimos retratar, et tout le reste est littérature, según alguien dijo que escribió Verlaine.

Del otoño y sus hojas perdidas. (Editorial en cuatro actos)

ACTO PRIMERO. El frio exponencial

La escena transcurre en la calle. Se escuchan consignas de aliento a las Madres. Se profieren insultos. Se rayan paredones con pintura en  aerosol. El decorado se ilumina de súbito con el destello naranja de la silueta de un monigote con apariencia de tirano que ha sido incendiada.

VOZ DEL VIENTO DEL SUR -Hace algunos años, Martin Kohan publicó una novela invernal titulada Dos veces junio, que reseña crudamente a esa Argentina de Junio de 1978 que discurría el camino de la bipolaridad entre la euforia mundialista y el horror de la tortura soterrada en los subsuelos de la patria. En la novela se lee un epígrafe que acaso explica el carácter exponencial de su título: “En junio murió Gardel; en junio bombardearon la Plaza de Mayo. Junio es un mes trágico para los que vivimos en este país.” Junio es dos veces trágico; dos veces frío. Los hechos determinan hasta la sensación térmica, como si la historia tuviera incidencia en el ciclo de las estaciones. ¿Quién no sintió, sino, que el adjetivo candente le cabe justo al diciembre del 2001? ¿Quién no escuchó hablar de las primaveras de Cámpora y Alfonsín? ¿Qué implicó en términos económicos “pasar el invierno”?

Por estos días comenzamos a transitar esa paulatina debilidad lumínica pintada de tonos ocres y con un tinte crepuscular perpetuo. Tiempo bajón. Presagio de lo gélido. Y sin embargo, calor. Calor de encuentro; calor de lucha. Como aquellos pueblos primitivos que encendían fogatas para darle fuerzas a un sol menguante en el solsticio, nos encontramos para aportar fuegos que atajen el frío incipiente de ese otoño que comenzó –mal logrando cierta referencia a Hobsbawm- el 24 de Marzo.

GENTE QUE CAMINA HACIA EL COMANDO (batiendo palmas) ¡Adonde vayan los iremos a buscar!

ACTO SEGUNDO. Sinécdoque

Es preciso para este acto que el telón no sea abierto, sino que, estando cerrado, una mano portando una navaja afilada lo desgarre por dentro. Se deja ver, entonces, el mobiliario propio de una dependencia policial. Se trata precisamente de la sede de la Policía Federal en Neuquén. En el centro de la escena hay una mesa vieja algo deslucida por el uso. Al lado de la mesa se ve la figura de un hombre respetable que mira la superficie de madera con ojos azorados. Está allí porque ha comparecido como testigo y en calidad de víctima a las jornadas en que se juzga al Horror.

VOZ DEL VIENTO DEL SUR (la voz se escucha como salida de un megáfono al tiempo que es rasgado el telón)-Una afirmación categórica: el horror es una totalidad inefable. La  lengua humana se torna torpe e ineficiente para contar el horror. Son las partes que integran ese horror la única garantía de nominación. Eso se llama sinécdoque: poder nombrar a un todo con solo nombrar o exhibir alguna parte que lo integra. Podemos leer decenas de miles de páginas sobre un hecho histórico como la Alemania del Tercer Reich y llegar a comprender el hecho histórico de manera cabal, pero el horror es indecible. Es mentira aquella afirmación vulgar sobre que “una imagen vale más que cien palabras”. La imagen es en cierto punto palabra. Pero el horror es negación de la palabra; es imposibilidad de la palabra. El horror no es una definición. El horror es una montaña de zapatos viejos en un galpón en Auschwitz. Solo nos queda la posibilidad de reconocer acaso los objetos que configuran esa totalidad indecible.  

ORLANDO “NANO” BALBO (reconociendo la mesa en que él mismo fue torturado décadas atrás) ¡A la cabeza de la mesa sigue sentado el horror! ¡Años han pasado, pero su rostro es el mismo!

ACTO TERCERO. No solo del otoño son las hojas que vuelan

En un subsuelo húmedo con olor a otoño por las hojas amarillas, a pesar de ser aún verano. Allí funciona el depósito de expedientes de una repartición del Poder Judicial. Hay cajoneras de ojalata marrón. Hay gruesos carpetones atestados de fojas. Hay papeles desparramados en todo el recinto. Con una linterna cada una La Impunidad y La Maldad buscan un expediente desesperadamente arrojando torpemente todo al suelo. De repente La Maldad toma un expediente y ríe con satisfacción.

LA MALDAD. -¡Acá está: es éste! (pasa el expediente a manos de la impunidad)

LA IMPUNIDAD. (lee la carátula del expediente, con dificultad: a pesar de estar acostumbrada a la oscuridad, parece que algo la encandilara ) – Causa Fuentealba II. (Arranca páginas y más páginas del expediente y las va metiendo en una bolsa)

LA MALDAD (luego de marcar un número en su teléfono y al cabo de esperar unos segundos) –Jefe, ya tenemos listo su encargo… No, al contario. Estoy a su servicio.

CUARTO ACTO. “Me siento tironeao, me siento”

Esta parte de este extraño ensayo de editorial, parece ficcionalizado en suma. No es así, estimados lectores. La extraña analogía que el Señor JAS emplea, puede encontrarse en los diarios de esta región norpatagónica con fecha del 20 de marzo de 2014.

SEÑOR JAS. – (con la misma cara que siempre usa para mentir…Es decir, con la misma cara de siempre)  A veces me siento como Tupac Amaru, salvando la distancia de ese noble indígena que fue precursor de la revolución independista de América del Sur. A veces me siento como tironeado, porque el presupuesto es uno solo y las necesidades son infinitas y múltiples.

UNA PERSONA CON DOS DEDOS DE FRENTE. – (mirándonos a nosotros -que somos a veces protagonistas y otras veces espectadores-, sacude su cabeza con gesto de reprobación y nos habla directamente) No hay límite para el mal gusto. ¿Salvando la distancia? ¿Tupac Amaru? ¿Me siento “un poco” Tironeado? Que el señor JAS se compare con un mártir de nuestra América cuya muerte espantosa –con sus extremidades atadas a cuatro caballos que esperaban arrancar a la orden del verdugo- es  muestra que desde tiempos remotos el horror –al igual que el mal gusto- no conoce límites para caer sobre los cuerpos

SEÑOR JAS. –(al no encontrar nada con qué replicar, repite)  A veces me siento como Tupac Amaru… A veces me siento como tironeado, porque el presupuesto es uno solo y las necesidades son infinitas y múltiples…

VOZ DEL VIENTO DEL SUR. –Señor JAS, déjese de embromar. La comparación que eligió le queda grande. Usted nunca podrá ponerse en lugares como el Tupac Amaru, ni siquiera “salvando las distancias” con un ejército de la Cruz Roja. Hay distancias insalvables no por su carácter temporal, o espacial. Hay distancias éticas. Nunca podrá salvar esa distancia, porque usted, por estos días, volvió a elegir salir en la foto justo al lado del verdugo.

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