Retazos

 

 

Malas noticias. No puedo dejar de pensarte. Te aseguro que lo intenté. Una, dos, cientos de veces lo intenté. Pero no. Imposible. Siempre volvés a mi cabeza. Como vuelve la lluvia, como vuelve la luna, como vuelven los días. Ahí estás. No voy a dejar de pensarte. Además, ya no quiero.  Me hace bien pensarte. Te pienso y le encuentro sentido a viejas historias. Te pienso y busco historias nuevas para compartirlas con vos. En los libros, en la música, en el cine. Te pienso y leo. Te pienso y escucho. Te pienso y descubro. Te pienso y escribo. Te pienso y siento. Te pienso y creo. No voy a dejar de pensarte. Entiendo que te aturda y lo lamento. Voy a procurar que no pase. Voy a pensarte en silencio. Voy a pensarte en voz baja. Voy a hacer de tu idea un murmullo imperceptible. Que no se note. Que no moleste. Se cierra el cangrejo en su caparazón. Pero te sigue pensando.

 

 

«No se alarme», le dijo con voz pausada. «No es tan grave lo que usted tiene. Sólo está enloqueciendo de amor. No debe haber causa más noble por la cual perder nuestra innecesaria cordura»

 

 

“Ya entendí, ya entendí, ya entendí”, repitió como felicitándose. Con la fascinación descomunal de quién ha recibido una revelación divina escribió: “amar es tener la certeza de que la otra persona te alimenta el alma y la necesidad imperiosa de alimentar la suya”.

En la otra punta de la red, la pantalla del monitor alcanzó apenas a reflejar el brillo casi imperceptible de esa lágrima antes de que cayera sobre el teclado y le diera un inesperado baño al costado izquierdo de la M.

 

1 thought on “Retazos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.