¿Quién habla por la “cuestión mapuche”?

Plaza en San Martín de los Andes (Neuquén)
Plaza en San Martín de los Andes (Neuquén)

Las ideas vertidas en los dossiers titulados “La ‘cuestión mapuche’: identidad, mito y conflicto” que publicó el diario Río Negro el sábado 10 y el domingo 11 de enero pasado, nos ha movido a escribir esta contribución con el propósito de echar nueva luz sobre la manera en la que los temas indígenas son presentados e interpretados en Argentina.

Los trabajos de Luis Alberto Romero, uno de los colaboradores del dossier, son una referencia insoslayable para entender la Argentina del siglo XX. Es uno de los más importantes historiadores argentinos vivos. Pero el siglo XIX y los conflictos que produjeron los contactos entre las elites criollas y las sociedades indígenas, no son su especialidad disciplinar. Por eso erra cuando intenta interpretar las relaciones existentes entre el relato mítico, el estado nacional y las identidades indígenas en el continente latinoamericano y en Argentina. Hace dos observaciones sobre los  movimientos indígenas: son “anacrónicos”, pues el “genocidio” que denuncian habría ocurrido antes de que se institucionalizaran las modernas ideas republicanas, como el derecho de ciudadanía; y usan instrumentalmente sus relatos míticos para construir identidades sólidas y organizaciones resistentes para su movimiento político. Esta vía admite la emergencia no controlada de grupos que se autodefinirían como indígenas poniendo en cuestión, señala el periodista que sigue las ideas de Romero, “nuestra actual organización política y social”. El trabajo de la historia sería desmontar y reemplazar esas ficciones contrarias a la verdad histórica y estabilizar su potencial político.

Antropológicamente considerado el relato mítico no es monopolio de los pueblos originarios; su uso contextual es generalizado, incluso, en las modernas instituciones republicanas como es el estado nacional. ¿Qué son, sino, las celebraciones patrias del  25 de mayo en Argentina y del 18 septiembre en Chile? ¿Por qué es obligatorio que cada ciudadano estudie y conozca la historia de la nación que habita y sea educado en la instrucción cívica? ¿Qué tienen de “padres” San Martín y O’Higgins para los ciudadanos argentinos y chilenos? Asimismo, las invasiones al Wall Mapu, por los estados nacionales argentino y chileno, no fueron ajenas a los procesos de modernización que vivimos en estas tierras. Esas invasiones, genocidios y expropiaciones fueron la condición de consolidación de la clase de modernidad específica que aquí fue gestada, abarcando la definición cultural de ciudadano nacional.

Visto desde los centros económicos e intelectuales el “anacronismo indio” pone en tela de juicio el tiempo histórico que aseguran vivir las elites. Que los militantes de la razón, la modernidad y las instituciones republicanas vean en los relatos míticos ajenos una amenaza desestabilizadora no es ninguna novedad antropológica. La jerarquía establecida entre el progreso contemporáneo y el atraso bárbaro fundó las bases para que no sólo el territorio indígena, y su población, sino todo “el interior” fuera objeto de una cacería feroz por parte de la ambición porteña, que no fue sólo económica sino, también, histórica y científica.

La descalificación que reciben los relatos míticos mapuche tiene su origen en la distinción beligerante que éstos realizan con respecto al mito nacionalista y republicano, gestado desde las elites intelectuales. La particularidad indígena acarrea la puesta en cuestión de la definición del control de los recursos económicos y simbólicos que monopolizaron hasta el momento quienes produjeron y adhirieron a esos relatos naciocéntricos.

“La cuestión mapuche” entonces no representa a ningún grupo indígena empíricamente existente. Es el instrumento a través del cual hablan las elites. Apoyándose en los aportes del historiador metropolitano, la cuestión mapuche es una fabricación ideológica que canaliza los intereses, políticos, culturales, étnicos y económicos, que sus enunciadores viabilizan intelectualmente. Representa la preocupación que despierta la actividad indígena en los sectores gobernantes, que ven resurgir en la organización étnica de los grupos mapuche a un viejo adversario.

Los ecos de estos eventos llegan a nosotros que los vivimos a la distancia. Nuestra residencia fuera del territorio ancestral mapuche, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Conurbano Bonaerense, no es ajena a las guerras de ocupación y despojo colonial a la que fueron sometidos nuestros abuelos y abuelas, cuando sus territorios fueron invadidos hace no más de 130 años. Las Ciencias Sociales son no sólo nuestro lugar de trabajo sino el espacio a partir del cual ejercemos el derecho a tener una voz propia vinculada a la de nuestros pueblos y sus luchas.

Esperamos que los errores cometidos en el pasado no se vuelvan a repetir y sea posible la convivencia pacífica y respetuosa que alguna vez soñaron nuestras autoridades mapuche y, como muestra una amplia historiografía mapuche y no mapuche, que soñaron también los representantes de las naciones argentina y chilena.

Laura Zapata. Mapuche. Doctora en Antropología Social (por el Museu Nacional, UFRJ), profesora e investigadora de la UNICEN y de la UNPAZ, investigadora adscripta al CAS – IDES, coordinadora general del GEIIMI (CAS – IDES).

Matías Andrés Ledesma. Descendiente afro chicha. Estudiante Filosofía, UBA; Estudiante Antropología Social y Cultural, UNSAM, integrante del GEIIMI (CAS – IDES).

Fernando Cabrera Christiansen. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, maestrando en Ciencias Sociales (UNGS – IDES), integrante del GEIIMI (CAS – IDES).

Erika Ledesma. Descendiente afro-chicha, Especialista en Educación (Universidad de San Andrés), maestranda en Derechos Humanos y Democratización en América Latina y el Caribe (CIEP-UNSAM), integrante del GEIIMI (CAS – IDES).

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