PLEBISCITO NACIONAL Y PODER CONSTITUYENTE EN CHILE

Pero hecha la ley, hecha la trampa. El gobierno de Piñera logró agregar, por medio de la 21200, tras una componenda parlamentaria oficialismo-oposición (el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, firmado el 15 de noviembre) una cláusula constitucional tendiente a tratar de limitar la participación popular en el proceso constituyente: el bochornoso art. 130. Conforme a este, el Plebiscito Nacional 2020, amén de consultarle a la ciudadanía si aprobada o rechazaba la elaboración de una nueva constitución, le ofrecía dos alternativas de convención, de asamblea constituyente: una pura, integrada exclusivamente por representantes elegidos y elegidas ad hoc por voto popular, de modo extraordinario; y otra de carácter mixto, donde la mitad del cuerpo deliberativo estuviera formado de dicha manera, pero la otra mitad por congresistas en ejercicio, es decir, por legisladores de carácter ordinario.

Afortunadamente, el pueblo chileno no se dejó engatusar: el domingo plebiscitó, por más del 78%, a favor no solo de una nueva constitución, sino también a favor de una convención pura, auténtica. Lo hizo, además, con un nivel de participación electoral récord desde que se introdujo en 2012 el sufragio voluntario: algo más de la mitad del padrón concurrió a votar por propia iniciativa, a pesar de la pandemia. El plebiscito 2020 es el acto comicial más convocante –en términos absolutos– de toda la historia de Chile.

Desde la Revolución Francesa, desde que el abate Sieyès escribió su célebre panfleto ¿Qué es el Tercer Estado? (1789) argumentando por qué era necesario y legítimo convocar una Asamblea Nacional en Francia, sabemos dos cosas importantes sobre el modus vivendi democrático:

1) Que la esencia de la soberanía popular no es tanto la elección ordinaria de gobernantes y congresistas (el poder constituido), sino el ejercicio extraordinario del poder constituyente que permite refundar la república;

2) Que el poder constituyente nunca puede estar en manos del poder constituido, ni total ni parcialmente, por lo que una «convención mixta» resulta ser un absurdo escandaloso, un oxímoron político-jurídico, una contradicción en los términos.

Podemos decir que el domingo 25 de octubre de 2020, por el bien de la República de Chile y por decisión del pueblo de Chile, la racionalidad ilustrada de Sieyès le ganó la pulseada a la sofistería oscurantista de Piñera y toda la derecha del pospinochetismo tardío. Habrá un poder constituyente al 100%, y no uno rebajado al 50%. Hay razones, pues, para ser optimistas.

“La constitución no es obra del poder constituido, sino del poder constituyente”, explicó el abate revolucionario en el capítulo V de Qu’est-ce que le Tiers-État?. “Ningún poder delegado puede alterar nada de las condiciones de su delegación”. Porque “En toda nación libre, y toda nación debe ser libre, no hay sino una manera de terminar con las diferencias que se produzcan con respecto a la constitución. No es a los notables a quienes hay que recurrir: es a la nación misma”.

por Federico Mare (https://www.facebook.com/federico.mare.9)

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