ORÍGENES Y AVATARES DEL PRIMERO DE MAYO EN ESTADOS UNIDOS Y ARGENTINA

Pero hagamos un poco de historia: Estados Unidos, 1886. La clase obrera reclama con firmeza el cumplimiento efectivo de la Ley Ingersoll, por la cual se debe limitar la jornada laboral a ocho horas. Ante la negativa patronal y la inacción gubernamental, 200 mil trabajadores de todos los gremios van al paro el 1º de mayo, desoyendo los cantos de sirena de la burocracia sindical (tengamos paciencia, mantengamos la calma, la confrontación es contraproducente, etc.). Multitudinarias manifestaciones de protesta se llevan a cabo en todas las ciudades fabriles del país. En Chicago, gran emporio industrial y epicentro del movimiento obrero norteamericano, la huelga general y la movilización callejera se prolongan durante los dos días siguientes, registrándose una intensa pelea con los carneros de la fábrica McCormik, la única en funcionamiento. La policía interviene para garantizar la «libertad de trabajo»: reprime con ferocidad. Seis huelguistas pierden la vida y decenas resultan heridos por los disparos a quemarropa.

El 4 de mayo se realiza un mitin en la Plaza Haymarket, al que asisten cerca de 20 mil personas. La policía comienza a reprimir a lxs manifestantes con el objeto de que se desconcentren. La multitud se resiste. En un confuso episodio, estalla una bomba y muere un oficial, Mathias Degan; otros resultan heridos. Es la coartada perfecta para la carnicería. Las fuerzas del orden abren fuego a mansalva, dejando un tendal de cuerpos muertos y heridos. Pero es sólo el comienzo del terror. El gobierno estadual de Illinois declara el estado de sitio y el toque de queda. Los allanamientos, las detenciones, los interrogatorios y las torturas se multiplican sin fin. En su faena represiva, la policía se ensaña con el anarquismo, puntal del movimiento huelguístico. Con calumnias de todo tipo y exhortaciones constantes a la pena capital, la prensa burguesa le allana el camino.

El 21 de junio comienza el juicio por el Haymarket affair. A base de pruebas fraguadas y falsos testimonios, ocho activistas libertarios son declarados culpables por el crimen del oficial Degan. Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista), Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista) y Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) reciben la condena de la pena capital (ahorcamiento). La ejecución habría de consumarse –salvo en el caso de Linng, que prefirió suicidarse antes en su calabozo– el 11 de noviembre de 1887. Serán recordados desde entonces como los Mártires de Chicago. Los tres acusados restantes, Samuel Fielden (inglés, 39 años, obrero textil), Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor), son condenados a prisión, perpetua en el caso de los dos primeros, y por el plazo de quince años en el caso del último.

Desempolvemos sus alegatos: «Sólo quiero protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno […] Pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida» (Fischer). «El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema basado en la fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme» (Parsons). «Honorable juez, mi defensa es su propia acusación […] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia» (Spies). «No, no es por un crimen que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!» (Linng).

Desde entonces, cada Primero de Mayo –fecha en que comenzó la huelga general que desembocaría en la Revuelta de Haymarket–, lxs trabajadores de todo el mundo conmemorarían a los Mártires de Chicago, íconos de la lucha proletaria, manifestándose por las calles en defensa de sus derechos.

En Argentina, el Primero de Mayo se conmemoró por primera vez en 1890, poco antes de que la Revolución del Parque precipitara la renuncia del presidente conservador Juárez Celman. El mitin obrero tuvo lugar en el Prado Español de la Plaza Recoleta, en el corazón de la Capital Federal. Fue una elección por demás desafiante, puesto que la Recoleta constituía uno de los barrios más selectos de la burguesía porteña. El jueves 1° de mayo, a las 3 de la tarde, se congregaron 2 mil trabajadores –mayormente inmigrantes anarquistas y socialistas– para honrar la memoria de los Mártires de Chicago, denunciar la explotación capitalista y reclamar mejoras en los salarios y en las condiciones de trabajo (especialmente la jornada de ocho horas).

Particularmente célebre –tristemente célebre– fue el Primero de Mayo de 1909, cuando el gobierno de Figueroa Alcorta ordenó la represión del acto conmemorativo en Plaza Lorea, cerca del Congreso. Aquel sábado luctuoso, las fuerzas policiales del Cnel. Ramón Falcón abrieron fuego a discreción, sin misericordia alguna, contra la multitud proletaria indefensa. ¿El saldo? 14 muertos y 80 heridos… Esta matanza provocó la Semana Roja, una huelga general de la FORA anarquista y la UGT socialista que se extendería por más de siete días, y que posteriormente derivaría en el ajusticiamiento del coronel Falcón a manos de Simón Radowitzky, un joven ácrata de origen judío-ucraniano.

El Primero de Mayo siguió siendo una jornada de protesta y lucha durante toda la década del 10, y también durante la década del 20. La llegada del radical Hipólito Yrigoyen a la presidencia de la Nación, en 1916, lejos estuvo de significar el ocaso de la lucha de clases en Argentina, como demuestra la gigantesca oleada de huelgas proletarias y revueltas populares del llamado Trienio Rojo (1919-1921): la Semana Trágica de Buenos Aires, los sucesos de La Forestal en el Chaco santafesino, la Patagonia Rebelde en Santa Cruz y otros muchos episodios de menor magnitud, como la Masacre de Gualeguaychú en Entre Ríos (1921), también acontecida un 1° de mayo.

Un pensamiento en “ORÍGENES Y AVATARES DEL PRIMERO DE MAYO EN ESTADOS UNIDOS Y ARGENTINA

  1. Excelente recordatorio y síntesis historica de la gesta del 1 de mayo. La historia que nunca debe olvidarse de los mártires de Chicago, el papel de los luchadores proletarios de todo el mundo y el intento de la burguesía de lavar la cara del recuerdo en lucha , transformandolo en » fiesta del trabajo» en abstracto para borrar su origen . Gracias por mantener su sentido real

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