No me mates.

Tengo hambre. Tengo frío. Tengo calor. Tengo sed. Tengo mugre. Tengo dolor. Tengo bronca. Cometí un delito. Te caí mal. Estás aburrido. No me mates.

Otra vez un pibe fue fusilado en Neuquén. Gatillo fácil es un término muy leve, muy domesticado para lo que le cabe a estas acciones homicidas vinculadas al abuso de poder de los uniformados avalado por las autoridades. Porque este tal Salas empuñó el arma (que el Estado le dio) para disparar a alguien porque se le cantó o vaya a saberse por qué.

Apretó el gatillo, es cierto, y seguramente lo hizo con facilidad. No sé si habrá apretado también los ojos, o los dientes, o si el pibe habrá llegado a gritar o a llorar.

Estas cosas no pasan en el centro de la capital ni en los barrios donde viven las personas de clase media y alta. Pasan en el Oeste, pasan en Cuenca XV, pasan en Sapere. Y en las cárceles. Pasan por donde no pasa ni la justicia, ni la política fuera de campaña, ni la mirada de las y los bien posicionados. Les pasa (se lo hacen) a los jóvenes, los mismos que van en cana, los mismos que entran en ese circuito armado para la exclusión como tortura preparatoria de todo lo que les espera si es que no pegan un laburo en el petróleo y les cambia la suerte. Porque la gente de plata no va presa. Porque la gente de plata es buena.

Disparen, apunten, fuego. Pobre a la vista. Militante al acecho. Joven en la costa. Cuidado.

Catorce años tenía el pibe. Cinco menos que Matias Casas, casi la mitad que Cristian Ibazeta. Todavía no tiene nombre, todavía no tiene rostro. Lamentable el motivo por el que pasará a tenerlo para quienes de ahora en adelante lo pensaremos como una víctima más de la violencia estatal que no entiende de democracias ni de derechos: preferiría no haberlo conocido.

Fuente: http://www.8300.com.ar/2012/12/19/no-me-mates/

 http://www.8300.com.ar/2012/12/19/nuevo-caso-de-gatillo-facil-en-el-oeste-neuquino/

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