“Ni buena/o ni mala/o: ser docente en tanto intelectual transformativo”

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En la actualidad, nuestras prácticas de enseñanza en la escuela deben responder a renovados desafíos. Entre ellos, se encuentra aquel vinculado a los saberes que pueden aportar de manera significativa al entorno cotidiano de nuestros/as estudiantes. Desafío que demanda repensar sobre los criterios que entran en juego en el momento de promover ciertos aprendizajes desde la enseñanza. Estos criterios se vinculan fundamentalmente a las finalidades perseguidas en nuestro actuar docente, en los propósitos específicos que en el área en cuestión orientan nuestras propuestas y la organización conceptual a partir de la cual nuestras propuestas de enseñanza buscan no solo explicar sino ser significativas para la comprensión que del mundo realizan o pueden realizar nuestros/as estudiantes.

En este marco, el rol docente se ubica en el lugar de intelectual transformativo/a (GIROUX H.:1990) sobre su propia práctica profesoral y desde su formación continua, en tanto se asume como gestor fundamental sobre lo que sucede o no en el aula en torno a la construcción de conocimientos escolares. De este modo, la reflexión permanente sobre las interpelaciones que nos impone la práctica educativa, la cual se acciona en unas condiciones escolares y con unos sujetos de aprendizajes inmersos en la dinámica cambiante que caracteriza a la sociedad en general, es clave en la construcción de posibilidades de cambio y transformación educativa. Nuestro trabajo se inscribe entonces en un marco de relaciones que son siempre dinámicas y que exigen permanentes reflexiones sobre el qué enseñar, el para qué, el cómo, y el a quienes.

Indudablemente, esta tarea permanentemente reflexiva, nos recuerda que no son posibles las apuestas orientadas por una didáctica magna según el clásico criterio de Amus Comenio (“enseñar todo a todos y de la misma manera”). También que no es válida la posibilidad de pensar en propuestas y conocimientos fragmentados entre campos de conocimiento. Pero si que podemos reorientar nuestras formaciones específicas o generales en un permanente y fluido dialogo entre pedagogía, la/s didácticas disciplinares y las experiencias en contexto. De esta manera, podríamos resignificar las claves a partir de las cuales respondemos cotidianamente en el aula a la tensión que nos generan las condiciones del contexto, la lógica disciplinar que asume el docente en torno al conocimiento escolar, las condiciones de aprendizaje de los/las estudiantes a quienes destinamos nuestras propuestas de enseñanza, y la perspectiva axiológica a partir de la cual orientamos nuestras prácticas docentes. En estas condiciones, el docente no solo deja de ser concebido como un mero “transmisor de saberes” sino que se recupera como sujeto reflexivo y transformador de sus propias prácticas de enseñanza y de las posibilidades de aprendizaje sobre los conocimientos que -por ser socialmente relevantes- deberían enseñarse en la escuela. Ni bueno ni malo, reflexivo.

Prof. Victor SALTO

Neuquén Capital. Primavera del 2013

Bibliografía:

  • GIROUX Henry (1990) Los profesores como intelectuales. Ed. Paidós. Barcelona.
  • DUSSEL, Enrique, (1973) Para una ética de la liberación latinoamericana. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires.

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