Movimientos Sociales Indígenas en Neuquén.

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Movimientos Sociales Indígenas en Neuquén: En las fronteras del presente… las relaciones de poder y la deuda pendiente de la Democracia. 

 

Fundamentación del Tema

Teniendo en cuenta un acontecimiento muy reciente, y considerando que quizás no haya tenido la importancia ni la trascendencia o la repercusión que debería haber tenido es que decido emprender el siguiente proyecto de investigación que tomará como punto de partida la sanción del Artículo Nº 53 de la Reforma Constitucional a nivel provincial de febrero de 2006[1], como un reflejo del reclamo de una lucha de largos años que desemboca en este reconocimiento en materia legislativa y que nos lleva a reflexionar sobre el estado de la cuestión en la que se encuentran otros reclamos vinculados a la causa,  que son una deuda pendiente de la Democracia con una Nación con la que las relaciones de poder y de fuerza han sido conflictivas y tensas en esta lucha encarnizada que se remonta a los tiempos de la Conquista.

Considero que ésta es una temática que está fuertemente ligada a la problemática de las fronteras que se han trazado con relación a los Pueblos Originarios, y esto es algo que ya data del siglo XV y se ha mantenido hasta el presente. Cuando me refiero a estas “fronteras” que se han trazado, estoy atendiendo a dos cuestiones, que, a mi criterio, son centrales para entender la importancia de una Reforma como ésta, como lo son la Historia y la Identidad. La juridización del derecho indígena a la diferencia cultural es un proceso que se viene dando desde fines de los ´80, este reconocimiento no ha sido casual, sino que va estrechamente ligado al avance del Neoliberalismo y del derecho internacional. Cada país ha establecido políticas indigenistas, de manera tal de poder incluir a los indígenas y asignarles el rotulo de “ciudadanos”.  Ahora bien, habría que hacer todo un análisis para ver cómo se han venido tramando las relaciones con los Pueblos Originarios. A largo plazo, podríamos decir que los procesos han sido de tensión, mientras que si analizamos el fenómeno a corto plazo, podemos notar que es aquí donde se han producido las mayores transformaciones, es decir, en épocas recientes. Es por ello que cuando hago alusión a las “fronteras del presente”, entiendo que estas fronteras que se han impuesto sobre los Pueblos Originarios son una ocurrencia tardía y muy arbitraria que los ha separado en diversos Estados-Nación, y al interior de estos, en provincias. Con lo que, aquí aparecería una de las primeras características del concepto de fronteras: “tienen capacidad preformativa en lo que hace a inscribir subjetividades ciudadanas.”[2] Esta transformación y este pasaje a la aparición en los escenarios para jugar un rol de partícipes, es decir, incluidos en lo que respecta a materia jurídica, y, por qué no, al otorgamiento del reconocimiento de estos Pueblos Originarios dentro de la historia en tiempos contemporáneos tras eternos años de lucha, está fuertemente ligado al devenir de los indígenas en sujetos de derecho, ya no serían simples “objetos”. Resulta muy interesante poder analizar en el contexto actual y tras los acontecimientos de público conocimiento de este último tiempo cómo se han desarrollado las acciones, los conflictos, la movilización de los “nuevos” y viejos sujetos sociales y su relación con la política, en el contexto de las trasformaciones producidas en Argentina en las últimas tres décadas, intentando dar respuesta al declive de las organizaciones y movimientos y al surgimiento  de otro tipo de acciones vinculadas al territorio.

Sin más preámbulos, y ya hecha la contextualización en la que se inscribe la problemática, procederé ahora a explicar el por qué de mi título, el recorte temporoespacial de mi caso en particular, los propósitos y los objetivos por los cuales me parece que es viable el presente Proyecto de Investigación.

La elección de la problemática que gira en torno a la temática de las fronteras tiene que ver con nuestro quehacer como historiadores y con nuestra contribución al planteo de nuevas problemáticas e innovaciones teóricas y metodológicas. Hay toda una discusión en torno a los marcos teórico- filosóficos de la Historia. Hoy nos es posible asumir una posición crítica frente al quehacer del historiador, nos es posible poner en cuestión aquella imagen que teníamos de nuestra disciplina como una representación verdadera de un pasado fijo e inalterable, tal es así, que podemos redefinir algunos modelos, categorías y métodos  que parecían estar muy petrificados, si se quiere, dentro de lo que hoy conocemos como “la historia oficial”. Esta renovación nos ha sido facilitada gracias al aporte de nuevas investigaciones que han sido realizadas en estos últimos años en cuanto a las problemáticas derivadas de las fronteras latinoamericanas. Aunque claro, no es tarea sencilla trabajar en el uso y el significado de la categoría “frontera”, dado que ésta es una categoría muy polisémica, que remite a la división, al límite físico, natural y político, a una línea imaginaria trazada de forma arbitraria que respondería a parámetros culturales, a cierta ideología, a una polarización entre civilización y barbarie, al choque cultural, la violencia, la competencia, el antagonismo, lo desconocido. Tierras a conquistar que se presentaban como un lugar inhóspito, tierras de entradas militares, tierras “supuestamente” libres, pero en realidad ocupadas por los “nómades del desierto”. Indefectiblemente cuando aludimos a la categoría de frontera, vinculamos ésta  a los mecanismos de dominación que a su vez se trasladan a una frontera literaria, a las fronteras del discurso, a lo aceptado y difundido por la historia oficial, y al silencio de la otra cara de una misma realidad. Las fronteras terminan siendo regiones que se construyen a nivel psíquico, fronteras mentales, simbólicas e intencionales. El espacio físico fronterizo ha sido fuertemente marginado en el estudio, ya que siempre se miran los centros de poder, cada vez nos llega menos luz sobre el espacio fronterizo. La frontera actúa como receptáculo de muchos actores sociales. Hay un trasfondo ideológico: ¿Por qué se los margina? Generalmente tenemos una mirada recortada que no nos permite ver la dinámica de este espacio. Este ha sido por muchos años un terreno excluido de la historia oficial. Puesto que, siempre ha primado el peso del paradigma del Estado- Nación, cargado de una marcada tendencia positivista que sigue sosteniendo viejos esquemas interpretativos, y es aquí donde entra a jugar nuestro importante rol en nuestra tarea tanto como docentes como así también, investigadores, de intentar resignificar ciertos contenidos. No en desmedro no despreciando todo lo que se ha escrito hasta el momento, sino por el contrario, propendiendo a completar y a su vez complementar aquella parte fragmentada de la historia que ha sido ignorada y silenciada por siglos y que espera ser sacada a la luz. Muchas veces ese silencio nos dice mucho más de lo que se quiso dejar asentado en los registros documentales, que en su mayoría responden al poder político en curso. Como bien dice Mandrini: “los propios invasores (descubridores, conquistadores, colonizadores, misioneros, funcionarios) que destruyeron o contribuyeron a transformar el mundo indígena fueron quienes conservaron en buena medida su memoria a través de innumerables documentos. Sin embargo, la información está siempre medida o deformada por los múltiples y variados intereses y prejuicios de sus autores. Los testimonios (…) son una fuente muy valiosa de conocimiento sobre el mundo de esos “otros” a los que los invasores dieron el nombre de indios. Constituyen, a su vez, una rica fuente de información sobre quienes los escribieron, lo que sintieron y pensaron frente al universo desconocido que se presentaba ante ellos. Aún sin proponérselo fueron quienes destruyeron ese universo indígena los que, en innumerables textos, contribuyeron en buena medida a su conocimiento.”[3]

Consideramos que el estudio de los espacios fronterizos puede llegar a ser de suma utilidad para comprender las transformaciones socio- culturales, los imaginarios colectivos, como así también, sus consecuencias políticas y económicas, y para analizar las continuidades y las rupturas desde los siglos coloniales hasta nuestros tiempos contemporáneos, insertando nuestra problemática específica dentro del marco de la formación de los estados modernos, el post- colonialismo, la post- modernidad, la regionalización, la globalización, los conflictos étnicos, las supervivencias culturales, etc.

Evidentemente, no podemos negar que vivimos inmersos en medio de una gran diversidad cultural que durante mucho tiempo ha sido negada, disimulada, o bien, ignorada. Y, más allá de que muchos sostengan que la Historia comienza con la invención de la escritura, sabemos, gracias a los aportes de la Prehistoria y de la Antropología, que es posible cambiar esa visión. Partiendo de la base de que las sociedades están sujetas a leyes de transformación, que son inestables, es importante analizarlas antes de que se  modifiquen por completo y de que pierdan sus rasgos esenciales, que las caracterizan.  Ahora bien, ¿por qué tipo de factores estarían dados estos cambios o modificaciones en las mismas? Si hacemos un recorrido histórico, veremos que este cambio estaría dado por presiones externas, es decir, por la repentina incursión de la sociedad occidental en el mundo “primitivo”, “salvaje”, con el descubrimiento occidental del mundo en el siglo XV. Este sería el descubrimiento de un “otro” cultural, y aquí la diferencia sería entendida como un mecanismo de dominación, esta dominación aparecería encubierta bajo la misión de “extender la civilización”, dando por sentada la superioridad de occidente: “Esta guerra inicua que nuestros gloriosos ejércitos republicanos emprendieron en la segunda mitad del siglo pasado, fue guiada por la intolerancia: el derecho de quien se cree civilizado a combatir la barbarie en nombre de banderas y santos de las mitologías del progreso de la humanidad.”[4] Es con el descubrimiento del Nuevo Mundo cuando el hombre europeo, aquel que se consideraba centro del universo, descubre de improvisto al “otro”, a hombres con un aspecto físico y unas costumbres hasta entonces totalmente desconocidas. Lo cual desencadenará una verdadera crisis de Identidad. Es realmente en suelo americano donde el hombre empieza a plantearse el problema de sí mismo y a experimentar su propia carne, lo que lleva a la Corona de Castilla a enviar comisiones científicas para ver si los indígenas americanos eran o no seres humanos con alma. Aquí se pone de manifiesto la diversidad cultural, luego del asombro, se hace necesaria la explicación, esto colocó a la humanidad ante su primer gran caso de conciencia. Esta fue una actitud etnocentrista si se quiere, dado que el europeo, el blanco, el “civilizado”, consideraba su cultura como superior o preferible en comparación con la de los “primitivos”, “salvajes”. Convirtiendo a su cultura en el centro o eje desde el cual contemplar con curiosidad, perplejidad y desprecio al “otro”, al “diferente “que se comporta de manera salvaje, en forma irracional. Hoy, a 66 años de la  Declaración de los Derechos Humanos, la tendencia no ha sido del todo revertida… no debería sorprendernos el hecho de que aún a pesar de que se criticaran algunas corrientes historiográficas por su fuerte connotación etnocentrista, sigamos negando su preexistencia, o no queriendo ver una realidad que es un hecho.



[1]La provincia reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas neuquinos como parte inescindible de la identidad e idiosincrasia provincial. Garantiza el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.

La provincia reconocerá la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan, y regulará la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, ni transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurará su participación en la gestión de sus recursos naturales y demás intereses que los afecten, y promoverá acciones positivas a su favor.”

[2]Claudia Briones, “Formaciones de alteridad: contextos globales, procesos nacionales y provinciales” en Briones, Claudia (ed.): Cartografías argentinas. Políticas indigenistas y formaciones provinciales de alteridad, Buenos Aires, Antropofagia, 2005, cap.1, p.12.

[3]Raúl Mandrini, Los pueblos originarios de la Argentina. La visión del otro, Buenos Aires, Eudeba, 2004.

[4]José Bengoa, Historia del pueblo mapuche (siglo XVIII y XIX), Colección Estudios Históricos, Santiago de Chile, Ediciones Sur, 1985.

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1 thought on “Movimientos Sociales Indígenas en Neuquén.

  1. Que creen que nuestros antepasados no tenian bien definida las fronteras, dejen de versos y terminen con darle nuestras tierras a chilenos que dicen ser mapuches, para cuando nunca predomino una etnia tal en este suelo , solo asesinaron y quisieron exterminar nuestra etnia , ademas robandose todo lo que encontraban y desplazandonos , sino que demuestren con antropologos con historia real y vean donde los ubican , solo sabran que aqui solo estabamos los tehuelches

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