Los juicios por lesa humanidad, los ocultamiento familiares y las memorias viajeras.

Autor: Rolando Bel

75224859_1492494614234093_4313833257675259904_oLos juicios por lesa humanidad, los ocultamiento familiares y las memorias viajeras.

Todas las familias tienen secretos, a veces ominosos, otras veces utópicos. Y, quizás, a veces, los considerados ominosos por algunos y algunas se conviertan en utópicos para otros y otras. Provengo de una familia campesina, de la costa uruguayense de la provincia de Entre Ríos. Mi familia siempre fue orgullosa de su prosapia de origen francés, de su tradición católica –implícitamente anticomunista- y antiperonista. De niño vi como mis progenitores, tíos y tías festejaban el golpe de estado de 1976 y la posterior represión contra la subversión. Pocos años después, el emblemático Rastrojero familiar lucía una calcomanía que rezaba: Los argentinos somos derechos y humanos. Sin embargo, una tarde de otoño las certezas de mi infancia se hicieron añicos. Resulta que había venido de visita mi abuelo Chongo, en verdad se llamaba Osvaldo Esperidión y que, en esa época, su apodo carecía de la acepción actual, acompañado de otro anciano, también Bel que usaba una chalina de vicuña. Me es imposible olvidar la prenda: fue la primera vez que vi y toqué una, todavía recuerdo el roce suave y cálido de la misma.

En conjunto con mi padre, los ancianos Bel hablaban debajo de un parral, donde los escasos racimos que quedaban ya estaban bastante secos. Debido a que era una conversación de adultos, la gurisada no podía participar ni tampoco escuchar. Empero, a pesar de estar a una decena de metros, mi curiosidad intentaba captar cada detalle fónico y las expresiones del lenguaje corporal. Después de media hora de monólogo del viejo Bel foráneo, me sorprendió al verlo pararse y largarse a llorar de una forma caudalosa, con la rápida respuesta del abrazo profundo y contenedor de Don Chongo. Lo abrazaba con ese íntimo sentido de la ternura que solo otorga la filialidad construida más en los códigos de una infancia compartida que en los provenientes de la consanguineidad. Fue la primera vez que vi la ternura corporal entre hombres adultos. Mientras tanto, mi padre permanecía sentado, en silencio, pero con la boca abierta. Nunca conocí el tenor del diálogo pero intuí que se había abordado un tema terrible, algo que era ominoso para la familia, ¡Siempre ha sido difícil dejar a un Bel – campesino o intelectual, gaucho o cool- sin palabras!

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Más de una década después, cuando ya era un estudiante de profesorado y militante de una agrupación estudiantil, un veterano del Partico Comunista, Roly Zabalegui me comentó de un camarada Bel –¡Con una sola L! recuerdo que me espetó, que fue un importante militante de Trelew, a quién había conocido y que los militares habían desaparecido. Incluso, destacó el parecido físico. Pocos años después, ya viviendo en Neuquén, fuimos con Alejandra, mi compañera de esa época, a la Casa de las Madres de Plaza de Mayo en Capital Federal. Una excursión con mucha fortuna, ya que nos atendió la mismísima Hebe de Bonafini, quién desde un gran libraco nos entregó información, había mucha por suerte, sobre Elvio Ángel Bel.

¿Pero quién fue Elvio Ángel Bel? El mismo había nacido en Villa Mantero, Entre Ríos, realizado el secundario en Concepción del Uruguay y egresado como Maestro Normal Rural de la Escuela Normal Rural Juan Bautista Alberdi de Paraná. Al egresar realizó el servicio militar obligatorio en Trelew, provincia de Chubut, se enamoró de esa región, por lo que se prometió regresar. Después de un par de años de trabajar en otros lugares del país se instaló en la región patagónica, primero como maestro en escuelas rurales y después en las ciudades de Trelew y Rawson. Además de su intensa militancia en el Partido Comunista practicaba un fuerte activismo social y comunitario, por ejemplo en la comisión para la creación de una universidad pública en la provincia, la actual Universidad Nacional San Juan Bosco. A comienzos de los 70 gran parte de la dirigencia de las organizaciones de Montoneros, ERP y FAR, estuvieron detenidos y detenidas en la cárcel de Trelew. Elvio fue uno de los fundadores de la Comisión de Apoyo a los Presos de Trelew e incluso apoderado del mismísimo Roberto Roby Santucho. Esta participación no convencía a las autoridades de su partido. Incluso Elvio no compartía los métodos de lucha armada pero consideraba a los presos y presas como compañeros y compañeras de la misma causa revolucionaria. En los años posteriores, esa participación le costaría varias detenciones y encarcelamientos, la expulsión de su trabajo como docente, el acoso policial y probablemente su desaparición. La misma aconteció el 5 de octubre de 1976, incluso su hijo Pablo, que estaba a su cuidado en el momento de la detención, también desapareció varios horas, hasta que fue entregado por los secuestradores a un tambero, quién lo restituyó al núcleo familiar. De Elvio nunca más se tuvieron noticias.469715_1945

Su compañera Hilda Fredes, mujer de enorme fortaleza y convicciones, durante 43 años, ¡Nunca dejó de batallar por la memoria y la justicia de este caso! El pasado lunes 11 de noviembre, comenzó en la ciudad de Rawson el juicio contra los responsables –marinos, militares y policías- de la desaparición de Elvio Ángel Bel. En esos días visité a las comunidades de Trelew y Rawson, dónde pude conocer y percibir las intensidades de esas luchas, y las resistencias de las memorias.

Ya no existen los viejos Bel, quiénes desafiando los códigos de la estética heteronormativa de la época, lloraron a moco tendido y abrazados la pérdida del hijo/sobrino tragado por la noche más oscura de nuestra historia nacional, ni tampoco existe el parral de uvas secas. Increíblemente, el Rastrojero todavía perdura, casi indemne. Alguien le pegó hace un tiempo, una calcomanía que dice Nunca Más.

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