Los evangélicos: un poder cultural y político en ascenso

En diciembre de 2020 se promulgó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, hecho histórico en Argentina y en la región. Pero quizás el momento bisagra, que visibilizó la situación de los abortos en el habla cotidiana de las personas y lo sacó de la clandestinidad del discurso, fue el debate de 2018, en el Congreso, en torno a un proyecto de ley similar que fue aprobado por diputados/as y rechazado por senadores/as.

En ese momento muchos/as nos vimos sorprendidos por la capacidad de movilización de los autollamados grupos “pro-vida” o “defensores de las dos vidas”, identificados con los pañuelos celestes en contraposición a los pañuelos verdes identitarios de las corrientes feministas. Detrás de esas movilizaciones aparecían los distintos grupos religiosos que las impulsaban, entre ellos los evangélicos, un sector con poder creciente en Argentina desde los años ’90. Posterior a ese triunfo parcial, en varias instituciones educativas de Neuquén, producto de la campaña, originada en Perú, “Con mi hijos no te metas”, hubo un avance de estos grupos en oposición a la ley de Educación Sexual Integral, con el argumento que estaba sustentada en lo que suelen llamar “la ideología de género” que, según ellos, tergiversa los valores tradicionales de la familia.

En este artículo intentaremos reflexionar acerca del crecimiento de estos grupos evangélicos -sobre todo los enrolados en las corrientes pentecostales o neopentecostales, pero no sólo en ellas-, muchos de las cuales sustentan sus prácticas religiosas en la llamada “Teología de la Prosperidad” y la relación que se establece entre ésta y las nuevas subjetividades construidas dentro del neoliberalismo.

Diego Genaro

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