LO QUE ANIDA EN EL SILENCIO

Ser arte y parte de una maratón es asumir desde el vamos un compromiso de largo aliento, un esfuerzo por alcanzar una meta que, en principio, no alcanza a divisarse, pero que sabemos que está allí, remota, al límite de la resistencia humana. En el caso del sujeto que se pronuncia y avanza por las páginas de Maratón dromedaria, es necesario plantear que nos hallamos ante un acontecer poéticamente avasallante, donde la voz conducente va concatenando las partes del discurso, a medida que el devenir de imágenes traza la hoja de ruta.

  Si bien este nuevo libro de Hernán Lasque está estructurado en una suerte de prólogo: Arenga, más tres partes constitutivas; Hall, Jam y Álalun, el corpus de la obra responde a un único discurso lírico. Vale decir, a un único poema, cuya tensión rítmica abona la marcha que el autor bien sabe poner en vilo, respecto de quien deja guiarse por el abanico de imágenes que ofrece la lectura en cuestión.

  El caos, la puesta en vilo, la invitación a compartir dicha maratón, sobrevienen previo a la partida, un par de páginas antes de ingresar a Hall, debido a que un anuncio de inquietud es advertido por uno de los referentes que cita el triple epígrafe de la obra: Toda alma es un nudo rítmico, S. Mallarmé. Enunciado más que adecuado para poner en situación crítica a la/el eventual lectora/or, en cuanto a lo que podría depararle la letra por venir.   Ahora bien ¿dónde se hace evidente el apriete de la atadura que condiciona rítmicamente al sujeto que enuncia? Naturalmente, en el dulce castigo que arrastran los hallazgos que el poeta dispone a través del lenguaje. Porque, amén del amarre que podría padecer el


[1] LASQUE, Hernán. Maratón dromedaria. Leviatán. Buenos Aires, 2019.

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