La virtualidad y el pensamiento crítico

En “Impensados, entre lo virtual y lo presencial”, Beatriz Gentile -colega historiadora y decana de la Facultad de Humanidades de la UNCo- plantea un tema importante: ¿Qué hacer ante la virtualidad de la educación? El tema es candente porque en medio de una pandemia, la suspensión de las clases y el aislamiento social preventivo y obligatorio ha trastornado todos los procesos educativos. Coincidimos con Gentile plenamente cuando afirma que la inmediatez no se lleva bien con el pensar. Y también cuando sostiene que el pensamiento crítico consiste en dudar, pero sobre todo en dudar de las propias certezas. Ahora bien, de estas premisas Gentile extrae una conclusión que no se deduce de las mismas, y que, si la tomamos en serio, le concede al pensamiento crítico poco menos que el lugar de un adorno (la duda es la jactancia de los intelectuales, dijo una figura de triste memoria) o, en el mejor de los casos -como el mitológico búho de Minerva- le atribuye a lo sumo la posibilidad de una iluminación a posteriori, cuando las cosas ya han pasado. Gentile no lo dice, pero está implícito en su escrito y explícito en su práctica en tanto que Decana: los intelectuales dudan, y marchan necesariamente a ritmo cansino, sin el cual no es posible pensar bien; los funcionarios, en cambio, actúan. Y más bien rapidito. Ministros, directores, rectores y decanos dictaron normativas de urgencia. ¿Ejercieron el pensamiento crítico a la hora de hacerlo? ¿Ejercieron consultas democráticas? Pues bien parece que no demasiado. Por ejemplo, y en evidente contradicción, se aprobó el dictado de clases virtuales para cumplir como fuera con el calendario académico, pero no se habilitó la posibilidad de que los órganos de co-gobierno universitario sesionen también de manera virtual.

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