Julio

Autor: Claudia Korol

Cuando julio nos llega tan frío, tan extremadamente congelado, tan resfriado y gris en nuestro sur del mundo. Cuando julio nos llena de bruma y nos llovizna… cuando escarcha las pasiones y corrompe con nubes oscuras los coloridos horizontes… cuando julio nos envuelve en sus días breves y sus noches largas… Cuando julio se instala en nuestras vidas racionando entusiasmos callejeros.

Cuando en julio celebramos cada rayito de sol, y nos apretamos en filita bajo su luz y su tímida tibieza. Cuando nos reunimos alrededor del mate y los recuerdos… Cuando nos abrazamos en la calidez del resguardo que creamos en nuestro andar colectivo…

Cuando en julio latimos al ritmo del corazón del Angelelli, denunciando a quienes nos asesinaron y asesinan. Y sentimos y somos su corazón, su memoria, su palabra… e intentamos caminar en su huella, y no miramos hacia otro lado, y decimos que Ledo también merece justicia y verdad. Ledo el muchachito y sus compas, a quien el pelado no hubiera negado su abrazo, moleste a quien moleste .

Cuando julio se inicia frío, y nos congela el viento en distintos rincones de este nuestro sur… y no olvidamos, y no perdonamos la masacre de Palomitas, en Salta, en un día como hoy, 6 de julio, en el invierno de 1976, cuando en medio de un fuerte operativo de inseguridad, y en la más absoluta oscuridad, sacaron a once presas y presos políticos de la cárcel de Villa Las Rosas, en Salta, y a cinco de la Cárcel de Jujuy, y los asesinaron brutalmente, en una masacre como la de Trelew, o la de Margarita Belén… Cuando los nombramos… cuando nos encontramos una vez más con sus vidas… cuando a pesar del frío sentimos calor de compañeras y compañeros, de pasiones que arden. Cuando echamos a volar sus nombres. Celia Leonard de Avila, la maestra, que amamantaba a su bebé de cuatro meses, cuyo cuerpo y el de su compañero Benjamín Avila fueron encontrados acribillados a balazos junto al del médico Roberto Sabransky, cerca del paraje Palomitas. María del Carmen Alonso de Fernandez, Pablo Outes, José Povolo, sus cuerpos encontrados en Ticucho, Tucumán. Amaru Luque, su compañero Rodolfo Usinger, y Dominga Alvarez, sacados de la cárcel de Jujuy y ametrallados en Yala. Cuando en este julio seguimos buscando los cuerpos de las santafesinas Georgina Dross, profesora de Ciencias de la Educación, de Evangelina Botta, psicóloga, de Turk Yapur, Jaime Lara, Chamiz, y de María Alicia del Valle Ranzoni, que continúan desaparecidas y desaparecidos. Desaparecidas y desaparecidos, como los 33 compas desaparecidos y desaparecidas de Ledesma, en la Noche del Apagón, también en julio… también en el norte de nuestro sur.

Cuando decimos que los seguimos buscando… en julio y en todos los meses del año… porque la verdad y la justicia son el compromiso de quienes sobrevivimos a todos los inviernos.

Cuando en julio encendemos la memoria y sus fueguitos. Porque sabemos que el apagón y la oscuridad han sido siempre los rostros donde el poder dibujó nuestras ausencias. Cuando aprendemos a rabiar con esperanza, a rebelarnos con ternura, y a seguir caminando con ampollas o con callos en los pies y en el alma.

Cuando julio marcha la independencia, pero no en esas marchas que se dicen patrióticas, sino en marchas de muchos pies caminando y muchas manos entrelazadas. Cuando gritamos los goles celestes y blancos que alegran a nuestro pueblo, pero no aquellos que ocultan impunidades. Cuando nos negamos a los gestos chauvinistas, misóginos, racistas, homofóbicos,  que nos enfrentan colonialmente con nuestras hermanas y hermanos del continente. Cuando celebramos las fiestas del pueblo que busca su independencia… y decimos que hablar de independencia es decir no al fracking, no a Monsanto, no a Chevron… Cuando con Bolívar decimos que patria es nuestra América, pero que preferimos nombrar a nuestro territorio como matria.

Cuando julio es frío para quienes duermen en la calle, y es fuego para quienes viven la memoria.

Cuando en julio pintamos con los colores de Frida nuestras alas, y nos envolvemos en el cantar de la negra, porque tiene sentido y razón. Cuando jugamos en la rayuela del otro Julio, y reinventamos los juegos de la rebeldía… cuando asaltamos el Moncada de nuestros corazones y lo sembramos de estrellas. Cuando espantamos con otro mate el frío. Cuando nos desentumecemos. Cuando frotamos nuestra piel con las pieles de otros cuerpos que guardan memorias. Cuando escribimos julio, cuando caminamos julio, cuando pintamos julio, cuando encendemos julio, cuando abrazamos julio, cuando en julio sabemos que el amor es a prueba de inviernos…

Cuando hacemos de la independencia un camino y no una fecha del pasado… tal vez entonces volvamos a celebrar el juego colectivo más que la jugada individual, y la fiesta más que la competencia.

Claudia Korol/muchas gracias a la autora por este maravilloso texto.

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