Harto. Fastidiado. Avergonzado e invadido por en el hastío.

Autor: Seba Alegra

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Harto. Fastidiado. Avergonzado e invadido por en el hastío. En clave de estos adjetivos –en el más literal de los sentidos- debe leerse este artículo. En el sentido figurado y descarnado que se usa de entrecasa, ciertas partes de la anatomía tocan el suelo o se sirven en el plato del que come la burla diaria que habita los titulares del día.  Habiendo hecho la advertencia al lector sobre el tono de esta broncada crónica, habré de reseñar la miseria de estas últimas horas. No me comprometo a refrenar el insulto como último argumento. 

Seguramente, se habrá dado cuenta usted que las primeras líneas bien podría haberlas escrito un tal Discépolo. Y como poder, pudo. O bien se olvidó de escribirlas así. De lo que no se olvidó El Arlequín es de acertar la configuración precisa de nuestras realidades. Tal es así que en los últimos días a nuestra realidad no le cabe otra calificación: discepoleana. Hay que aclarar -para quienes no lo conocieron- que Enrique Santos Discépolo fue un poeta del tango (acaso el que menos prefiero yo) que se atrevió a escribir una letra punk que tuvo mucho éxito. La letra desde las primeras líneas osa en decir “El mundo siempre fue y será una porquería”. A partir de allí, configura ese mundo completamente invertido, o directamente con las fronteras borradas entre lo sublime y lo bajo. De ese tango  –“Cambalache”- provienen expresiones como  “La Biblia y el Calefón, o  “lo mismo un burro que un gran profesor”. Si no tiene ganas de buscar esta letra, tendrá una idea aproximada si se imagina la canción “El reino del revés”  de María Elena Walsh cantada por Fredie Kruger cuando se levanta de la siesta. Pero en fin, vamos de tour por esta realidad discepoleana. Hemos de pasar por ciudades, estudios televisivos,  provincias, comisarias, tribunales.

Primera parada: Es cachetazo a destiempo (Neuqúen)

Para los que alguna vez hemos sido fajados, la categoría del cachetazo a destiempo hace referencia a ese golpe que ni siquiera vemos: sentimos primero un dolor consternado y luego vemos el puño que se retira. El poder en Neuquén opera haciendo abuso del cachetazo a destiempo. Ayer nomás, todas y todos gritamos “ni una menos”, porque han matado a nuestras compañeras, a nuestras madres, a amigas, vecinas. “Ni una menos”, decimos y no lo decimos como simple expresión de deseo.  Lo exigimos: que la justicia se haga cargo para que ninguna mujer vuelva a ser víctima de un hombre que se convirtió en “apropiador”, que quiere decidir sobre su cuerpo, su pensamiento, su legítimo derecho de mandarlo a la mismísima mierda cuando así lo desee, un hombre que obtura estas libertades a los golpes, con nafta, de un balazo. La respuesta de la Justicia Neuquina no se hizo esperar: dicta la libertad de Nicolás Rinaldi, el imputado a 21 años de prisión por el crimen de su novia Alejandra Zarza. Ella estaba embarazada de 8 meses. Nada se supo del niño que cargaba en su vientre. Los detractores del aborto legal, seguro y gratuito  han guardado silencio sobre esto. El grito “Ni una menos” recorre todo este tour. La justicia neuquina suele tener esa costumbre heredada de un sistema jurídico en el que la noción de lo justo es un tecnicismo que puede manipularse. Hace un tiempo, no mucho, la policía  –¡y no un policía, eh!- asesinó a Matías Casas, un pibe de 14 años. El autor de ese disparo fue condenado por un jurado popular a prisión perpetua. Luego algún oscuro funcionario judicial se preguntó qué sabe el pueblo de justicia y revocó la pena. De cumplirse en su totalidad esa condena, el policía permanecerá 15 años tras las rejas, apenas un año más de lo que él mismo permitió que Matías viviera. Pero el Reino Discepoleano del Revés es extenso. Neuquén es un feudo más. Hay uno grande, que también tiene su propia justicia y sus propios policías, como esos que tardaron una parva de años en encontrar el cuerpito de Luciano Arruga, que estaba como NN en una morgue, que sospecharon que la policía tenía algo que ver y sin embargo se demostró que el joven fue atropellado por cruzar la ruta sin mirar a ambos lados, después de ser cruel y salvajemente torturado en una comisaría, luego de ser acusado de negarse a robar para el comisario.

Almacén de Cuerpos Generales

El cuerpo de Matías Casas no era de Matías Casas. Se lo apropió su verdugo al momento que decidió que ese cuerpo no camine más las calles del barrio. El cuerpo de Luciano Arruga le perteneció a quienes lo torturaron, a quienes luego lo ocultaron. Porque nuestros cuerpos son cosas, son mercancías. Sirven para producir ganancia; sirven para producir entretenimiento; sirven para practicar tiro al pichón. Y a las cosas que sirven para eso, siempre se les pone un dueño

El cuerpo de Alejandra Zarza no era propiedad de Alejandra Zarza. Así lo consideró su asesino. El cuerpo de las miles de mujeres víctimas de la violencia de género no es propiedad de ellas mismas: “La maté porque era mía”. Esa es la concepción y no nos referimos a la comedia francesa homónima.  Hoy gritamos “Ni una menos”. Debemos gritar, además, denunciando cuáles son las prácticas que propician la apropiación de los cuerpos. Para apropiarse de un cuerpo, hay que despersonalizarlo. Debe ser reducido al brazo que produce mercancía o al culo que entretiene en el programa de Tinelli, que acaba de comenzar hace unos días, cuando comenzábamos a gritar “Ni una menos”.  Entre la mujer reducida a cosa, que propicia la trata, el golpe, el acoso callejero insultante  -disfrazado de elogio- y la tortura de pibes, el “gatillo fácil” para disciplinar a esos pendejos maleducados, hay un denominador común. Es un ser que aúna todos los reclamos de la gente de bien. Tiene una cara y una actitud bufonesca y de mal gusto; su tono de voz es una burla permanente. Y puede ser el próximo gobernador de Santa Fe. Le toca el orto a una piba de 16 años, pide latigazos para los hijos…Es el vocero del vecino de bien –occidental y cristiano- que coimea al cana o va al prostíbulo a buscar diversión, sin cuestionarse porqué las chicas tienen los ojos morados.  Tiene socios en Neuquén. El más importante es Diamante, el alcalde eterno.

ni una mas

Diamante, el alcalde eterno (epílogo cómico para esta crónica trágica)

De producirse el milagro de la retirada de la dinastía que gobierna este feudo discepoleano, nuestro alcalde Diamante, ese que reniega del populismo y la demagogia y no tiene más nombre que Pechi (que se parece a Pocho –la encarnación de genio maligno populista a quien suelen demonizar- aunque Pocho suene más serio), sería número puesto. El lema de su escudo heráldico debería ser “Llegué hasta ahí” porque sus promesas siempre parecen llegar “hasta ahí”.  Prometió elevar la Ruta 22  y está perdiendo la guerra con los baches. En esa misma ciudad agujereada de baches, gastó una fortuna en una fuente de agua a la que luego le puso un vallado barato y horrible. Si fuera alcalde de Venecia, ya habría entubado los canales.  Sacó a los lavacoches porque extorsionaban a los automovilistas y puso un sistema de estacionamiento en el que luego de la extorsión, viene la grúa. Durante su campaña como candidato a gobernador, prometió la guerra al narcotráfico. Luego de perder las elecciones, se dedicó a perseguir a los dealers que instalan puestos ilegales de venta…de verduras. De la guerra contra los narcotraficantes a la persecución de verduleros. Llegó hasta ahí. No sea que caiga él mismo víctima de su sed desmedida de justicia, como Edipo: el puesto ilegal ilegal está en su propio despacho municipal; desde allí, hace tiempo que vende verdura y manda fruta.

Así es este reino discepoleano del revés. Si lo puse de mal humor, lo lamento un montón. Yo también lo lamento, cada vez más seguido. Al menos, ahora, nos sintamos hermanados por un mismo sentimiento: el de saber cuáles son los costos de haber renunciado a la racionalidad. Porque las cosas parecen andar al revés de lo que deberían, porque lo que no se concibe con la cabeza, anda para el culo.

a fines de mayo de 2015

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