¿Estamos hablando de una revolución?

Otra de las alternativas de financiación provincial que quedó trunca a causa de la pandemia fue el ya aprobado (previa cuarentena) programa “Hay Festival”, que proponía un cronograma de festivales y encuentros artísticos en todo Neuquén.

Este programa, que podría haber sido reconvertido para salir a pistas de manera virtual durante la cuarentena, cuenta con el financiamiento del Instituto Provincial de Juegos de Azar de la Provincia del Neuquén (IJAN) con el objetivo de promover “la realización de festivales y encuentros artísticos y culturales de gestión independiente en los que converjan diferentes expresiones culturales, artísticas y creativas; que rescaten la identidad cultural, la representatividad colectiva y se visibilice a artistas de la Provincia del Neuquén”. Había aquí una buena fuente de financiación para paliar una parte de las necesidades en este momento de crisis, pero –según palabras de la Directora Provincial de Coordinación de Políticas Culturales, Lala Vega, en la penúltima reunión oficial del Consejo Provincial de Teatro- quedó “congelado” ya que por ahora el IJAN prioriza “acciones con salud” y aseguró también que en este marco el Ministerio “no puede mandar expedientes por aportes a Festivales”.

En este contexto de desavenencias y discusiones entre una parte importante de la comunidad artística local y los representantes del Estado, los dimes y diretes continuaron. En el transcurso de los últimos cinco días ocurrieron dos hechos mediáticos salientes.

En uno el gobernador de la provincia anunció por video conferencia con funcionarios de las carteras culturales de diferentes lares (a quienes se los presentó en los medios como “referentes de la cultura”) un permiso especial para que lxs trabajadorxs culturales puedan realizar ensayos y concurrir a espacios de producción creativa, para así comenzar a desarrollar actividades de producción artística. El grito de respuesta fue inmediato en todos los foros y redes: “¿juntarnos a qué?”, si no se pueden reabrir talleres, si no se sabe cuándo se volverá a tener la posibilidad de recibir público en las salas. Se espera una respuesta oficial a este dilema del tipo “huevo o gallina”.  

En el otro lado de las cosas, las redes aparecieron cargadas con una serie de denuncias en contra de la Directora de Coordinación de Políticas Culturales, a quien se la acusa de dos cosas; una es haber violentado y destratado a diversas personas que se acercaron hasta el Ministerio a proponer trabajos culturales; y la otra es ejercer su función con una actitud subjetiva y nepótica.

Por ambos temas, diferentes denunciantes proponen por redes pasar en el transcurso de la semana que viene por las oficinas del INADI y de la Secretaría de la Mujer a formalizar lo que ya se ha denunciado públicamente.

Esta última puerta que se acaba de abrir en la cadena de reclamos, ya con un nombre y un apellido de una funcionaria en la picota, quizás sirva para reflexionar sobre cómo crecen y progresan las diferencias entre lxs ciudadanxs y sus representantes cuando los canales de diálogo se cierran. Es algo que –parece mentira, con casi cuarenta años de democracia continuada- nuestra clase política pareciera no aprender más.

En fin. Si se suman todos los frentes abiertos (los que se ciernen estrictamente al funcionamiento de la gestión, más los que han tomado carácter personal) pareciera que las cosas no estarán fáciles para el gobierno neuquino en materia de gestión cultural en los próximos días. Todo indica que tendrán que demostrar con gestión que se pueden abrir canales de diálogo con la comunidad artística allí donde se los cerró y, de paso, revisar si una revolución cultural se puede hacer -y puede ir más allá de un slogan- sin un presupuesto destinado a tales fines.

A las palabras se las suele llevar el viento, es cierto, pero no hay que olvidar que, en dos conferencias de prensa en Casa de las Culturas durante el invierno de 2019, y frente a todos los medios que allí estaban presentes, el gobernador se jactó de estar orgulloso de su ministro Colonna porque “Hace de todo sin pedir plata nunca” (risas nerviosas de sus adalides).

Bueno: la pandemia ha dejado bien a la vista que esa sensación triunfalista, las mentas de la revolución, sin una inversión concreta y un verdadero lazo con la comunidad que produce culturas en la provincia, no es real. Mucho menos una revolución.

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