¿Estamos hablando de una revolución?

Cuando el ministro Marcelo Colonna habla en los medios sobre la necesidad de crear y fortalecer desde el Estado una “industria cultural” local, puede que tenga en mente algo que aún –a cinco años y medio de gestión- no se ha cristalizado. Puede que lo entusiasme el apoyo que la Legislatura le ha dado en los últimos cuatro años a las Leyes Provinciales que sus equipos técnicos elaboraron: la de Bibliotecas Públicas, la de Cine, la del restablecimiento del Fondo Editorial Nequino y la de Preservación cultural de las Cantoras del Norte Neuquino. No es poco, claro; pero una Ley puede convertirse en mera letra de molde si su sanción no va acompañada de una puesta en funcionamiento. Y si revisamos qué fue lo que concretamente sucedió en el campo de juego con las cuatro leyes, encontraremos que solo la de Bibliotecas fue puesta en funcionamiento en su primera fase, que la de Cine –a pesar de estar calcada de la poderosa letra de la Ley Provincial vigente en San Luis- está lejísimo de implementarse, que la de remozamiento del Fondo Editorial Neuquino –sencilla de aplicar- está parada desde hace más de un año y que la de Cantoras del Norte Neuquino está tan quieta como las otras tres, esperando que el Instituto Nacional de la Música co-gestione un prometido disco compacto doble como toda manifestación de “concreción” de gestión de esa Ley.

Lejos de un fortalecimiento de la industria cultural, claro.

En los últimos días, a raíz de las denuncias públicas de abandono, destrato y maltrato efectuadas por muchos referentes y grupos de trabajadorxs de la cultura neuquina, la gestión ministerial cultural provincial se ha visto obligada a responder y comunicar. Las primeras respuestas públicas fueron polémicas, ya que vinieron primero desde un lado “aliado”, no desde el equipo de comunicación del Ministerio, y fueron realizadas en un tono subjetivo o “informal” a través de un video que -a tono personal y mirando a cámara- grabó y publicó a través de las redes oficiales de la Fundación Banco Provincia el Presidente de esa entidad estatal, Pablo Bongiovanni, quien acusó de violentos, de minorías y de no ser “representativos” a quienes respetuosamente le preguntaron la noche anterior, durante un vivo en Instagram que había hecho con el Ministro de las Culturas, por qué las respuestas a los reclamos de los artistas independientes eran nulas o se dilataban en un contexto apremiante como éste, el de la pandemia.

Si se tiene en cuenta que la inquietud venía porque durante las semanas anteriores a la transmisión, el Ministerio había difundido por todos sus medios, y por cuanto medio quisiera levantar la información, que habían otorgado subsidios a salas y a personas y esto -al día de la famosa transmisión- no se había concretado; quizás nos deje un resto de razón como para no dudar de que la reacción de Bongiovanni al día siguiente de ese episodio de disidencia fue un poco ríspida y bastante detractora.

Él acusaba de ejercer “la violencia” a quienes preguntaron en redes, pero su descargo fue tan taxativo y acusante que generó una repercusión desfavorable que –el tiempo lo dirá- puede llegar a figurar en una lista de grandes desaciertos políticos acaecidos en cuarentena. La segunda respuesta que llegó fue más técnica, y vino desde la comunicación oficial del Ministerio: los pagos se habían retrasado por cuestiones de complicaciones administrativas en tiempos de pandemia. En un solo día salieron los primeros 70 mil pesos para salas en actividad y 40 mil pesos para La Conrado Centro Cultural. En medio de la resonancia mediática, salían entonces los primeros pagos de estos prometidos subsidios mensuales a un grupo de salas de Neuquén. Este pago es exactamente la mitad del monto total estipulado y es el único que se ha efectuado hasta el día de la fecha.

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