Emilio Fatuzzo. El espíritu es oscuro: EL alquimista Cósmico.

Autor: Gonza Starota

Siempre uno debe disculparse por hablar de pintura, y este consejo de Paul Valéry, parece aún más cierto cuando se trata de pintura abstracta.

La obra de  Emilio Fatuzzo es una acumulación de capas y colores que, más que construir una imagen, parece querer dar cuenta de la materialidad de la pintura. Encontramos una estructura que podría ser un plano arquitectónico si no fuese intransitable, pero también por la ausencia de geometrismo y la convivencia de gestos o huellas, de planificación bizca, como arrojadas en simultáneo.

La primera afirmación que uno tiene al sacer los ojos sobre sus cuadros, es que el color no es una esencia, una generalidad, es antes bien un pliegue del ojo, un humo salido  del horno de la repetición: la mano,  que arroja, picotea, tuerce “ese” ojo. La mano es la figura del destino, la quiromancia del color; en la mano están  plegados todos los trazos del ojo-visión.

Las cosas tienen luz, o son luz, parece decirnos Emilio Fatuzzo, o sea, es nuestro ojo la oscuridad, una linterna gótica que recorre el mundo. Y la mano, o mejor,  su mano, una función operatoria dentro del arco cromático, siempre tironeado de clichés y lacras de otros ojos consagrados.

Sus cuadros parecen estar pintados a brocha, llenos de una pátina acharolada y densa,  de un brío de subsuelo, plagado de antagonismos, lapsus, cortes y, también, de superposiciones.

Pero para reticular el horizonte de este artísta, aquí me detengo especialmente en una obra, “El alquimista cósmico”, donde el color parece, para mí, una bruma, o, coágulos salidos de ciertos bordes dentados, flequillos de planetas por lejanos próximos, como la luna; ese planeta pálido y, por eso mismo, lleno, que desborda brea. Resuenan las palabras de un bello libro de Paul Klee, Teoría del arte moderno, donde dice; “sobre otros planetas podrán ser desarrolladas formas aún completamente distintas”. El color trae su forma, su propia alquimia, que es, pienso, la línea.

La brea es el Noema del color en Fatuzzo; quizá porque es, sin más, una claridad. La claridad de un alma, si, y su cuerpo, ese fondo que dice suspenderse sobre un tallo llamado mundo.

El color es, ante todo, placer. Y el placer nos hace menos tontos, como un beso.

Un pensamiento en “Emilio Fatuzzo. El espíritu es oscuro: EL alquimista Cósmico.

  1. La pintura de Emilio, como yo la siento es una maravillosa y volcánica expresión del color puro, deja plasmado en su obra la erupción de su alma, lo que si sé es que Fatuzzo es «Intuitivamente Auténtico,Real.»

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