ELECCIONES 2019: ESBOZO DE ANÁLISIS EN CLAROSCURO

Autor: Federico Mare

elecciones50560_oEsta es una elección histórica. Lo es no solo porque ratifica una nueva derrota –la tercera– de la derecha neoliberal en Argentina (la primera fue en 1983 y la segunda en 2001), sino también por esta otra razón: es la primera vez, desde que el peronismo existe, que se celebran comicios generales con un presidente constitucional no peronista que estaría logrando completar su mandato: Frondizi e Illia fueron derrocados cuando aún les quedaba más de dos años de gobierno, Alfonsín adelantó la votación cinco meses y De la Rúa renunció promediando su gestión.

Queda por verse qué hará Macri en los próximos días, de ocurrir una nueva megadevaluación punitiva, inducida por acción u omisión del propio presidente (por ahora hay cepo cambiario sostenido con alfileres). ¿Adelantará el traspaso para victimizarse, para quedar como un nuevo «mártir» de las «maquinaciones conspirativas» del pejotismo? ¿O tratará de adjudicarse el «mérito» de ser el primer presidente constitucional no peronista que, desde 1945, logra completar su mandato contra viento y marea? Pronto lo sabremos…

Pero no deja de ser decepcionante –y preocupante– que Macri se vaya sin una pueblada como la de Chile o Ecuador, y con un repunte electoral que lo deja en el umbral del 40%. La imagen del actual presidente de Argentina no tiene el nivel de desaprobación que sí tienen las de sus pares Piñera y Moreno. Si comparamos las últimas PASO con las elecciones de este domingo, el oficialismo ha tenido una recuperación de casi el 9%.

El ¡sí, se puede! no le alcanzó a Juntos por el Cambio para forzar una segunda vuelta, pero sí le sirvió para conseguir una derrota «digna». Después de las primarias, encuestadores y analistas hablaban de un núcleo duro antikirchnerista en torno al 30%, al tercio, o, a lo sumo, al 35% de la ciudadanía. Hoy se constata que ese cálculo pecó de demasiado optimista: la minoría gorila no es tan minoritaria como se previó, máxime si se tiene en cuenta que los otros dos candidatos neoliberales –Gómez Centurión y Espert– obtuvieron algo más del 3% de los votos, lo que significa que la derecha totaliza una adhesión cercana al 44%, cimentada en una supremacía (hablamos de comicios nacionales) sobre los grandes distritos electorales de CABA, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos. Indudablemente, fue el duro revés bonaerense –traccionado por el multitudinario malestar popular del Conurbano– lo que frustró la reelección de Macri.

Al parecer, la estratagema maquiavélica de dejar que el dólar se dispare el lunes siguiente a las PASO, y de atribuir la crisis a la «demagogia populista irresponsable» del Frente de Todxs, no fue en balde. El shock de pánico sobre la clase media no resultó suficiente para cancelar la brecha, es cierto. Pero sí permitió reducirla a la mitad, lo cual no es poco. El macrismo ha cosechado más de 2,3 millones de votos adicionales respecto a las primarias del 11 de agosto.

No hubo, pues, al final, ninguna derrota por goleada, ninguna paliza electoral, y este desenlace sorpresivamente no catastrófico para el macrismo habrá de condicionar al nuevo oficialismo. Juntos por el Cambio vuelve al rol de primera minoría opositora con un caudal de sufragios nada despreciable, bastante superior al vaticinado. El peligro de una restauración neoliberal continuará acechando la política argentina, al menos a corto y mediano plazo. Continuará acechando porque, en primer lugar, Macri deja una pesada herencia realmente pavorosa –en todos los índices macroeconómicos y de inclusión social– que condicionará fuertemente a quien lo suceda. En segundo lugar, porque el contexto global y regional no será muy amigable que digamos: si bien últimamente se han producido algunos destellos primaverales aquí y allá (Ecuador y Chile, por ej.), siguen prevaleciendo las sombras (básicamente, los EE.UU. de Trump y el Brasil de Bolsonaro). Y en tercer lugar, porque la prensa hegemónica seguirá operando a favor del neoliberalismo, y ella no ha perdido aún la batalla cultural por el sentido común de lxs argentinxs.

Otro interrogante a plantearse es el siguiente: el triunfo de Fernández-Fernández, ¿marcará un retorno pleno al neokeynesianismo del primer kirchnerismo? ¿O será un retorno a medias, con resabios de neoliberalismo atemperado? El pasado de Alberto Fernández –su moderantismo en tensión con el llamado kirchnerismo puro– no invita demasiado al optimismo. Tampoco la alianza con el Frente Renovador de Massa representa un buen presagio…

Lo que sí es seguro es que el capitalismo ha vuelto a ganar en Argentina. Reconocer esto no significa caer en la ceguera dogmática o maniquea del es lo mismo (una crítica recurrente del kirchnerismo a la izquierda que no siempre ha sido justa, y que muchas veces ha caído en la chicana del fanatismo). Por supuesto que el capitalismo neokeynesiano es mejor –menos malo– que el capitalismo neoliberal. Pero es importante no perder de vista, de cara a la utopía del mañana, las coincidencias estructurales entre ambos modelos: la propiedad privada sobre el grueso de los medios de producción e intercambio, el predominio de la economía de mercado, la desigualdad de clases, la competencia de capitales, el trabajo asalariado, la lógica de maximización de las ganancias, la extracción y acumulación de plusvalor por parte de la burguesía, el extractivismo, la sojización, los agronegocios, la megaminería, etc. Más allá de todas sus divergencias ideológicas, que –insisto– no son menores, sigue siendo verdad que el macrismo y el kirchnerismo aceptan y defienden el status quo del capitalismo, igual que lo aceptaban y defendían el primer peronismo y el golpismo gorila que lo sucedió en 1955.

Desde luego que un escenario de lucha donde el neokeynesianismo habría desplazado otra vez al neoliberalismo, es mejor que el escenario inverso. Estar en el centro siempre es mejor que estar a la derecha, por razones de estrategia política y por razones de calidad de vida. No da lo mismo una pobreza inferior al 30% que una pobreza superior al 35%. No da lo mismo un salario real con una caída del 20% que sin ella. No da lo mismo aumentar el presupuesto de salud, educación y CyT que recortarlos. No da lo mismo tener más devaluación o menos devaluación, más inflación o menos inflación, más recesión o menos recesión, más desempleo o menos desempleo, más precarización laboral o menos precarización laboral, más deuda externa o menos deuda externa, etc., etc.

Celebro la derrota de Macri, por considerarla un alivio. Pero quisiera citar, a modo de despedida, una frase del comunista libertario Rodolfo González Pacheco: “lo que yo amo está más adelante, más adelante…”. Más adelante no solo del neoliberalismo, que la fórmula ganadora cuestiona, sino también del capitalismo, que la fórmula ganadora no cuestiona.

Federico Mare

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