El trabajo docente en tiempos de pandemia.

con ella del confinamiento y la suspensión de la presencialidad, produjo modificaciones y adaptaciones de emergencia para sostener una continuidad pedagógica.

Varias preocupaciones frecuentes de la tarea docente se profundizaron, y también otras nuevas se sumaron. Esta encrucijada puso en evidencia las dificultades y desigualdades de lxs estudiantes, la necesidad docente de encontrar nuevas formas de comunicación con ellxs, de ampliar nuestra formación incorporando recursos y estrategias digitales, las complicaciones en muchas escuelas para implementar rápidamente plataformas y entornos virtuales que materialicen nuevas formas de encuentro. De alguna manera, este trabajo de indagación nos posibilita reflexionar sobre nuestras prácticas docentes y resignificar los sentidos de la enseñanza, de los saberes que construimos con nuestrxs estudiantes y también del trabajo colectivo. A continuación compartimos, en primer lugar, una síntesis y discusión de los datos analizados, y, en segundo lugar, algunas consideraciones prospectivas de la educación en lo que resta del año escolar y en los venideros tiempos de pospandemia.

Lo que nos permite conocer la palabra de lxs docentes en nuestra indagación

Hoy, a cinco meses de haber comenzado a transitar este período educativo en tiempos de pandemia podemos elaborar ciertas afirmaciones a partir de la información y las posturas que lxs docentes de nuestras localidades han aportado en la encuesta, y que, además, creemos son afirmaciones representativas de la experiencia que lxs trabajadorxs de la educación han acumulado durante este proceso.

En primer término, más allá de los “sinceramientos” u omisiones que, según el caso, han hecho las autoridades respecto de la desigualdad educativa y su profundización durante este período, lo cierto es que el paso abrupto a una educación a distancia y al teletrabajo (y “tele-estudio”) ha tenido un impacto altamente negativo en términos de enseñanza y aprendizaje, atravesando a todo el sistema sin distinción de nivel educativo. Este balance negativo no es antojadizo. Antes bien, los datos recabados respecto a la accesibilidad a la virtualidad nos muestran claramente las dificultades que se generan por situaciones de distinto orden: conexiones deficientes de internet; disponibilidad limitada de dispositivos y uso mayoritariamente compartido de los mismos; escasa formación docente en cuanto a saberes pedagógicos sobre las nuevas tecnologías y la educación virtual. A estas dificultades se agrega el hecho de que toda la provisión de servicios y dispositivos corre por cuenta de lxs trabajadores, por lo que cualquier mejora (ya sea en equipamiento, calidad de conexión o formación docente) depende exclusivamente del salario docente.

Si bien nuestra indagación se orientó al sector docente, podemos inferir también que esta situación general se replica, quizá con mayor crudeza, en la población estudiantil de nuestras localidades. Inferimos esto de los datos obtenidos respecto al vínculo entre lxs docentes y sus estudiantes: salvo en el nivel primario, lxs docentes lograron entablar contacto sólo con la mitad de sus estudiantes, y la frecuencia de ese vínculo no tiene fluidez y es intermitente en la mayoría de los casos, sin excepción de nivel educativo.

Este panorama de “cortocircuito” no sólo se observa, como acabamos de mencionar, en un nivel material concreto y en las relaciones docentes-estudiantes, sino que también es parte de la organización del sistema educativo en su conjunto. Más allá de pequeños matices por nivel, en general el 55% de lxs docentes sostiene no contar con ningún tipo de acompañamiento institucional en la planificación de la acción educativa en esta situación de excepcionalidad. Y cuando éste se da, suele ser mayoritariamente por parte de compañerxs de aula antes que por quienes ocupan roles de mayor jerarquía o responsabilidad (jefxs de departamento, coordinadorxs o directivxs). Es insoslayable, y más grave aún, el rol desempeñado en este período por parte de los organismos centrales de nuestro sistema educativo (Consejo Provincial de Educación y Distritos educativos) que se mostraron totalmente carentes de capacidad para conducir al sistema de enseñanza neuquino: sin ideas ni propuestas por más de un mes desde el inicio del A.S.P.O., y con resoluciones tardías, descontextualizadas y construidas sin ningún tipo de consenso dentro de las comunidades educativas (que se pronunciaron críticamente ante ellas).

En este estado de hiper-fragmentación educativa, en el que no hay directrices claras desde los organismos centrales, en el que reina la desarticulación de la tarea docente dentro de las escuelas, y en el que lxs docentes ensayan alternativas literalmente “aisladxs”, es totalmente lícito preguntarnos si existe todavía un “sistema educativo neuquino” o si, en realidad, se trata de un entramado que ha implosionado dejando sobre las espaldas de lxs trabajadores de la educación el peso de la responsabilidad de garantizar la continuidad pedagógica de sus estudiantes.

Otro de los argumentos que subraya las dificultades del traspaso abrupto a la virtualidad se refiere a las prácticas de enseñanza y a las condiciones didácticas que lxs docentes ponen en juego. Existe una tendencia clara, en todos los niveles educativos, en considerar que el traspaso a la virtualidad modifica mucho los contenidos que se enseñan, ya sea porque obliga a “achicarlos”, a revisitar contenidos ya trabajados o a cambiar hacia contenidos transversales o más significativos en este contexto pandémico. 

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