El confortable palenque del juez Muñoz

policia neuquina reprime a docentes y militantes sociales-16 de junio de 2014-
policia neuquina reprime a docentes y militantes sociales-16 de junio de 2014-

Seguramente la convergencia en el enunciado del título de las palabras “palenque” y “juez” oriente al lector hacia los arrabales de un texto por demás conocido. A mí mismo me ha arrastrado ese texto hacia ciertos lugares de los que he renegado durante tiempo: siempre abominé del chauvinismo lingüístico al que tiende el abuso del color local; el único rasgo telúrico que suelo permitirme es el cinismo. Por eso –el que avisa no traiciona- les advierto que este pequeño exordio no tendrá más justificativo, ni otros argumentos que las sentencias propias de un refranero, la rigurosidad científica de algunos aforismos, la misma solidez jurídica que las meditadas reflexiones de los conductores de taxis y la resignación irónica de la que soy víctima en este momento.
Ese texto al que hago referencia más arriba, es apenas una partecita de nuestro poema épico nacional: Martín Fierro. Generaciones enteras de argentinos hemos escuchado hasta el hartazgo aquello de “Hacete amigo del juez, /no les des de qué quejarse […] pues siempre es güeno tener palenque ande ir a rascarse”. Y tanto lo hemos escuchado que todos hemos creído que la justicia es eso: un palenque en el que se rascan los amigos del juez: lo cree la aglomeración atónita de docentes que vio a Sobisch rascarse en el palenque de Muñoz; lo cree la compañera de ojos vidriosos de amargura, que parece que va a abollar el termo de lata de la bronca con que lo aprieta en sus brazos; lo cree la mujer de la cabeza sangrante por las piedras del punteraje rentado; lo cree el que se llevó puestas las vallas de rabia incontenible; lo creo yo que ando a las puteadas desde cuando aún no había salido el sol, mientras me digo que “no por mucho madrugar se amanece más temprano”, porque para mí todavía no salió el sol, porque al sol no le quedó otra que creer en este modelo de justicia, que como es de la oscuridad, mejor ni se molesta en salir. Lo cree también el viento que desparramó los gases para este lado, para que el de la espalda rascada ni estornude cuando salga. Claro que creer de esta forma equivale a decir que sostenemos que en su existencia cabal, la justicia opera de esa forma. Creer no siempre equivale a fe ciega.
Creemos que es así y no de la forma en que tendría que ser. Y eso creemos porque nos han demostrado que hasta la justicia misma se cree así: lo cree Sobisch cuando dice “confío ciegamente en la justicia; lo cree el abogado defensor que dice boludeces como quien cae de recalada a tomarse una caña a la pulpería de un amigo en la que tiene cuenta corriente; lo cree Muñoz mientras lustra orgulloso el palenque para rascar al que ha llegado montado a lomo del caballo del comisario.
Seba Alegre-Viento del Sur-Junio 2014

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