Educación en tiempos de pandemia. La negación de la crisis.


Déjenme decirles que la mayoría de nosotras, nosotros y nosotres, estamos atravesando por momentos de incertidumbre social, de miedo, de estrés, de ansiedad provocados por la situación anormal que estamos viviendo. Sin saber cómo vamos a seguir, cuando vamos a poder ver de nuevo a nuestros afectos, en medio de tener que convivir confinados, solos, o con nuestro entorno familiar, en muchos de los cuáles hay niñas y niños que tienen detenida su infancia, como todos tenemos detenida nuestras vidas. También convivimos con personas en situación de riesgo, muchas veces adultos mayores que requieren cuidados especiales. Las niñas y los niños, las adolescentes y los adolescentes, los adultos mayores necesitan tiempo, necesitan que estemos acompañándolos. Se detuvieron nuestros proyectos, nuestras actividades, nuestros tiempos de ocio, nuestros vínculos. Nos afecta no poder abrazarnos, no sentir esa contención física que significa un abrazo, algo tan sencillo como eso. Estamos desbordados. Todos, como sociedad.
La educación es un proceso complejo, la educación en Argentina no esta pensada para ser virtual. No solamente no tenemos las herramientas apropiadas para que esto sea así, todo lo que tiene que ver con la conectividad y el acceso a plataformas y a computadoras para que esto funcione. Tampoco tenemos los contenidos preparados para que sea así, y, malas noticias, no se puede rearmar de un día para el otro, no en medio de la crisis social que estamos viviendo. La educación en vez de estar siendo un espacio de diálogo, debate y contención social, solo está sirviendo para agregar estrés y que lleguemos a decir BASTA, NO DAMOS MÁS. Recibo todos los días, audios, mensajes de colegas, de personas conocidas y desconocidas con sus historias. Me ha llamado la atención, por ejemplo, que me digan que, a pesar de estar todo el día con sus hijes confinadas y confinados en las casas, no puedan dedicarle tiempo porque están con mucho trabajo. En medio de esta vorágine social, sigue siendo prioritario sostener el trabajo. ¿Sostener qué, me pregunto? Ataques de pánico, ataques de ansiedad, depresión, desbordes, en medio de la incertidumbre de cómo evaluamos, de qué evaluamos, de cómo acreditamos, de cómo damos el contenido que acostumbramos a darlo presencialmente, sin contar con las herramientas. Disculpen, pero venimos haciendo magia hace muchos años para sostener la educación pública, muchas, muchos y muches de nosotros, no podemos más. No podemos seguir como si nada pasara. Básicamente porque está pasando.
¿Hasta que punto esto de seguir a toda forma es negacionismo social?
Es tan grande la crisis que estamos viviendo que, como defensa, la negamos. Es la actitud más común del ser humano, la negación. Del pánico (suspendan las clases ya porque nos vamos a morir todos) a la negación (sigamos como si nada pasara….de forma virtual….con clases, horarios de consulta). La negación hace que los gobiernos (que generan sus normativas desde una oficina sin tener idea de qué es dar una clase, de todo lo que implica la escuela, que no es solo un lugar de aprendizaje, sino de contención) nos dicen que sigamos como si nada pasara. Y nosotros, obedientemente o por inercia, intentamos seguir. Y no estaría funcionando. Hay quienes hasta plantean tomar parciales de forma virtual para acreditar los conocimientos. Claro, si, porque lo más importante en estos momentos es generarle más estrés a les estudiantes pidiéndoles que, en este escenario anormal que vivimos, estudien para rendir…..¿qué hubiésemos dicho nosotres si fuéramos estudiantes y nuestros docentes nos exigían algo tan descabellado como eso?
No, la educación no puede seguir como si fuera una isla y nada pasara, porque pasa, nos pasa a todes, nos atraviesa. Quizá es tiempo de aceptar que estamos viviendo la mayor crisis de la humanidad a escala global y que necesitamos acompañarnos, sin exigencias, para ver como salimos de esto. No se trata de que algunos docentes puedan hacer la magia de seguir sus clases, se trata de que muchas y muchos de nosotros y de nuestros estudiantes, y de los padres y madres de nuestros estudiantes no están pudiendo. Y en una sociedad con empatía, se va al ritmo del más lento, algo clave en la educación pública. Eso lo sabemos.
Quizá es hora de que cambiemos el rumbo, y en vez seguir normativas hechas desde arriba (gobierno nacional, provincial, ministerios de educación) escuchar la necesidad, las ganas y las preocupaciones de los de abajo, de quienes sostenemos con nuestro esfuerzo día a día, año tras año, este sistema educativo, docentes y estudiantes, y porteros, cuya importancia en el sistema es trascendental y quedan completamente excluidos de toda política de contención, cuando pasan sus vidas dando todo por las instituciones que mantienen para que nosotros desarrollemos nuestras actividades. No tengo ninguna propuesta superadora, simplemente es un humilde intento para dejar de presionarnos, para que aceptemos, de una vez por todas, que quizá este cuatrimestre tenga que readecuarse, ya discutiremos la forma. En un contexto tan complejo, forzar el funcionamiento “normal” de las instituciones me parece un acto aberrante, discriminatorio, poco empático. Las instituciones no pueden funcionar normalmente porque no estamos en la normalidad. Y el primer paso para poder resolver cómo seguimos es aceptarlo.

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