Educación en tiempos de pandemia. La negación de la crisis.

A fines de febrero empezó la vorágine. El virus empezó a detectarse en países de Europa. Para la primer semana de marzo comenzaron a saltar exponencialmente los contagios, los enfermos graves, y las muertes en Italia y España. Rápidamente todo el mundo se contagió de pánico. El eurocentrismo de la sociedad actual sigue siendo un hecho. Mientras los países más afectados estaban en Asia el covid-19 era visto como una cosa más bien exótica. Pero ni bien llegó a Europa, y en ésta se comenzó lentamente a confinar a sus ciudadanos en cuarentena, todo cambió. Se empezaron a esperar casos en América Latina. El vínculo comercial y turístico que cierto sector social de América Latina tiene con Europa y EE.UU (que también empezaba a reportar casos) hacia incipiente que los brotes comenzaran en nuestros países. En Argentina cundió el pánico. Sólo con una decenas de casos, todos relacionados con viajes al exterior y aún sin ninguna muerte, el confinamiento era inminente. Se comenzaron a suspender los actos masivos. De diferentes lugares se comenzó a exigir el paro de las actividades, la suspensión de clases. El gobierno nacional, asesorado por el comité científico sostenía que hasta que no comenzaran a haber casos de trasmisión local no tenía sentido parar el país. En lo personal, creo que entendía que una medida de confinamiento, una vez empezada, es difícil sostenerla y mucho más levantarla. Para todo esto Europa, con cientos de muertos por días no declaraba aún el confinamiento obligatorio. De hecho en Europa nunca se aplicó tan severamente como aquí. Otros países como EE.UU y Brasil pretendían hacer como si nada pasara. Pero el pánico social desatado en Argentina tenía apuros. Se planteaba que para cuando comience el contagio local ya iba a ser demasiado tarde, que nuestros sistemas de salud no tiene margen, colapsan enseguida. La presión social fue tan grande que en menos de 24 hs el poder ejecutivo decretó el aislamiento obligatorio. Un confinamiento absoluto de todas en nuestros hogares. Exceptuando algunas actividades esenciales. Antes de tener muertes por coronavirus habíamos tomado las medidas que, ni en Europa con cientos de muertos, se habían tomado. Con la particularidad de nuestras sociedades: abusos de poder por parte de las fuerzas de seguridad que “nos están cuidando”. Capítulo aparte.
La educación, quedó en medio de esto en un gris. No fue declarada una actividad esencial porque, por su funcionamiento intrínseco necesita, repito, necesita, que muchas personas compartan un mismo espacio. Y esto es absolutamente contradictorio con la cuarentena. Es de riesgo y no es esencial. Pero deben mantenerse las clases. Entonces salió la brillante idea de convertir todo a la virtualidad y manejarnos así enseñando de forma virtual a nuestros estudiante, “demostrando lo capaces que somos”.
Voy a analizar esto con detalle porque es lo central que me interesa debatir. Primero que nada contextualicemos: vivimos en Argentina, un país del tercer mundo aunque nos cueste aceptarlo y muchos conciudadanos quieran creer que vivimos en el primer mundo. Esto significa qué:
*la educación viene siendo desfinanciada: problemas edilicios y falta de nuevas escuelas es una problemática constante en la educación pública de todos los niveles.
*Las plataformas virtuales colapsan constantemente. La conectividad es lenta, cuando hay.
*No todas las personas tienen acceso a una computadora, el estado no ha garantizado esto por el desfinanciamiento estatal. La gestión anterior desestructuró el plan de Conectar igualdad, (que tenía graves falencias de funcionamiento pero marchaba) y esta gestión nos obliga a dar clases virtuales sin que tengamos las herramientas para hacerlo.
No, mal que nos pese no somos Europa, ni Estados Unidos. Por suerte! Acá nuestra educación sigue siendo pública, y la sostenemos a pulmón año tras año todas, todos y todes los que nos vinculamos con el espacio educativo. Los directivos hacen muchas veces malabares para resolver situaciones complejas, de docente, estudiantes, porteras y porteros, y graduades, así como con el compromiso social que cada institución tiene. Se crean nuevas carreras, se abren nuevos cursos, se hacen reformas estructurales, pero no hay financiamiento. Así todos los sistema educativos públicos están colapsado.
Tanto que se habla de colapso en el sistema de salud, la educación viene colapsada hace años señoras y señores. Pero ¿saben por qué no se nota? Porque no causa muertos, solo ignorantes. Y ese colapso es la cotidianidad de nuestra labor docente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.