Docentes y Piqueteros. Cap II

Autor: Ariel Petruccelli (colectivo editor)

Capítulo II

La chispa y la pradera

En diciembre de 1995 el Gobernador electo de Neuquén, Felipe Sapag, visita a la conducción provincial de ATEN. En el encuentro manifiesta su voluntad de implementar “políticas educativas consensuadas”. Ello no obstante, pocos días después se dieron a conocer una decena de decretos (210 al 219/95) que constituían una virtual declaración de guerra a los docentes.

El decreto 214/95, que fue el de mayor impacto, reducía sensiblemente el salario de los trabajadores de la educación, al modificar el suplemento mensual por zona desfavorable reduciéndolo del 40 al 20 % . Otros decretos disminuían los porcentajes de bonificación para establecimientos de ubicación muy desfavorable (dec. 216); congelaban los adicionales, las bonificaciones o las compensaciones liquidadas en función de la antigüedad (dec. 218); y dejaban sin efecto asignaciones, reduciendo beneficios, suprimiendo comisiones y fijando topes (dec. 219). En otras disposiciones se establecía en 10 días el lapso mínimo de licencia para que un cargo sea cubierto por una suplencia; se transformaba a las Direcciones de Educación de Adultos y de Educación Física en Departamentos fragmentados; se elevaba el rango de la Educación Privada, pasándola de departamento a Dirección de Nivel; se anulaban los complementos a los porteros; y se creaba la Dirección Provincial de Formación y Capacitación docente continua (dec. 88 / 95), considerada por el gremio como “el brazo legal de la Ley Federal de Educación”.[1]

ATEN respondió a estas medidas con declaraciones públicas condenatorias y con unas cuantas manifestaciones callejeras en los calurosos días de enero y febrero de 1996.

Pero la capacidad de presión y movilización del gremio docente en los meses de verano es limitada, puesto que transcurre el receso escolar. La huelga no es ni siquiera una medida posible, y las movilizaciones se ven debilitadas por la ausencia de muchos trabajadores, que se hallan de vacaciones o visitando a sus familias en provincias distantes.

Pese a todo, las marchas de ATEN convocaban a unas cuatrocientas personas, cifra que, si tomamos en cuenta la altura del año y la comparamos con la capacidad de movilización de otros sindicatos neuquinos, no era despreciable. Con cánticos que combinaban en partes iguales indignación e ingenio (salta, salta, salta / pequeña langosta / Menem y Felipe / son la misma bosta, y también, cantemos todos / que se viene el calorcito / cantemos todos / que se viene el carnaval / cantemos todos / que vamo’ a seguir luchando / para parar los decretos / del gorila de Sapag), los maestros y maestras daban rienda suelta a su bronca, aprestándose a librar una batalla más dura al comenzar el ciclo lectivo.

Y el ciclo lectivo no comenzó sino con un paro de 24 horas y una enorme movilización, el 10 de marzo. Las medidas de fuerza continuaron con una huelga de 48 horas los días 14 y 15; y con otras dos jornadas de paro durante la tercera semana de clases. El 29 de marzo, a un día de iniciarse el tercer paro consecutivo de 48 horas, el gobierno concedió una audiencia para negociar una salida al conflicto. Las negociaciones culminaron dos semanas después, con la firma de un acta-acuerdo el 12 de junio, por la cual ATEN, a través de su Plenario de Secretarios Generales, aceptaba una propuesta gubernamental (recategorización de las Zonas, modificación de la suma fija según antigüedad, asegurar las coberturas de suplencias a los 5 días, etc.) que no contenía ninguna modificación sustancial concerniente a los decretos que afectaban al salario docente. El acuerdo no contó con el aval de todas las seccionales; y entre los disconformes se hallaba la poderosa seccional Capital. Para colmo de males, el acta-acuerdo firmada con el gobernador había sido aprobada con la modalidad del voto indirecto, según el cual cada seccional posee un voto, con independencia de la cantidad de afiliados. Este mecanismo generó un profundo malestar,[2] en particular en la seccional Capital, que levantaba con fuerza la consigna de que las decisiones concernientes a las medidas se fuerza se tomaran por voto directo, vale decir, en proporción a la cantidad de afiliados de cada seccional. Los docentes capitalinos debieron mascullar su bronca en esa ocasión, aceptando una decisión que en el fondo no consideraban del todo democrática. Pero la experiencia no sería en vano. Para la huelga del año siguiente exigirían –esta vez con éxito– que las decisiones del plan de lucha se tomaran por voto directo.

Las tormentosas aguas del conflicto educativo aún no se habían aquietado del todo cuando el gobernador Sapag debió afrontar un conflicto social que marcaría el inicio del fin de su carrera política: la pueblada de Cutral Có.

En la noche del 19 de junio de 1996 Sapag anunció la ruptura del contrato con la empresa canadiense “Agrium” para construir una planta de fertilizantes. El acuerdo había sido firmado por el anterior gobernador Jorge Sobisch (línea blanca del MPN). Se trataba de un contrato leonino: el estado cedía los terrenos y la provisión de agua y energía eléctrica, renunciaba a las regalías gasíferas del yacimiento “El mangrullo” y, como si ello fuera poco, se comprometía a invertir 100 millones de pesos / dólares para la instalación. Agrium tendría un plazo de 24 meses para la construcción.

Los pobladores de las localidades de Cutral Có y Plaza Huincul no conocían en detalle los términos del acuerdo; pero la construcción de la planta suponía empleo temporario por un par de años para unas 1.500 personas, más unos doscientos puestos permanentes. La desaparición de estos largamente esperados puestos laborales encendió la mecha de la rebelión, en unas localidades en las que la desocupación se había convertido en una verdadera plaga.

La privatización de YPF, la antigua empresa petrolífera estatal, había dejado en la calle a unos 4.000 trabajadores en una zona donde prácticamente no había otra fuente de trabajo remunerado. Las indemnizaciones cobradas –sumas bastante respetables, o que parecían serlo, y que en algunos casos alcanzaban montos de 40.000 pesos– por lo general sirvieron para adquirir vehículos, crear algún micro-emprendimiento de servicios petroleros o montar un pequeño negocio (un quiosco, un almacén, un videoclub) destinado, casi en todos los casos, a no sobrevivir. La sobresaturación de comercios y la falta de empleo había creado una situación de exceso de oferta y disminución de la demanda. Y obviamente, los primeros negocios en tirar la toalla fueron los montados por los antiguos petroleros, que carecían de la experiencia de los comerciantes establecidos. Los micro-emprendimientos tampoco funcionaron como se esperaba: con el tiempo los servicios fueron copados por grandes empresas. Finalmente, los salarios y las condiciones laborales de quienes continuaban como empleados de la ahora YPF S. A. habían desmejorado notoriamente. A dos años de la privatización las indemnizaciones se habían evaporado y en ambas ciudades había un tendal de desocupados, mientras la pobreza se extendía como una mancha de aceite.[3]

La privatización de YPF, todo hay que decirlo, se había llevado adelante con un mínimo de resistencia, muy inferior a la oposición con que se toparon las privatizaciones de los ferrocarriles, ENTEL o SOMISA. “Los trabajadores de YPF y los habitantes de Cutral Có no enfrentaron la privatización. Antes al contrario: creyeron en el discurso del gobierno respecto a las bondades de la venta de la empresa … Desde luego que esta confianza generalizada no es poco lo que debe a la labor de los dirigentes políticos y a la conducción del Sindicato Único de Petroleros Estatales. (Pero) así como la privatización fue aceptada sin resistencia, y hasta con entusiasmo, cuando los efectos de esta medida comenzaron a hacerse sentir Cutral Có se convirtió en un polvorín. Lo que antes fue amor se convirtió en odio y desengaño. La bronca era tanto más grande puesto que se había confiado. Por otra parte, no existía el antecedente de una lucha popular derrotada (como ocurrió en San Nicolás): las fuerzas combativas estaban intactas”.[4]

En la mañana del 20 de junio de 1996 Radio Victoria, una FM cutralquense, trasmitió la noticia de la ruptura del acuerdo con la empresa canadiense y abrió sus micrófonos para que los oyentes dieran sus opiniones. Su papel fue muy importante para la convocatoria de lo que a la postre sería una pueblada. El testimonio de Mario Horacio Fernández, director y propietario de Radio Victoria, es elocuente: “En alguna forma la radio actuó como convocatoria. Decíamos: «¿qué debe hacer la gente, quedarse en la casa, seguir escuchando? ¿O demostrar que el pueblo está exigiendo la consulta con el gobernador y exigiendo salidas reales?»”. Entonces “entraron a llegar llamados telefónicos donde la gente decía que era lamentable lo que ocurría, pero que el pueblo le había dado demasiado tiempo a las cosas sin participar, que debía participar. Llamó una persona de Plaza Huincul y dijo: «nosotros nos vamos a reunir y nos vamos a juntar en la plaza». Volvió a llamar otro vecino: «hay que juntarse, tenemos que salir a manifestar esta disconformidad». A partir de ahí fueron innumerables los llamados”.[5]

Poco a poco la población se va plegando a los llamados, y empieza a prender la idea de concentrar en la ruta, tentativamente frente a la Torre petrolera (en desuso y que hace las veces de monumento) ubicada en el acceso este de Plaza Huincul,[6] sobre la ruta nacional Nº 22. Hacia las cuatro de la tarde la gente comenzó a ganar masivamente la ruta.

En la convocatoria inicial y en los primeros momentos de instalación de los piquetes, jugaron un rol los “punteros” de la línea blanca del MPN, y en particular el ex-intendente Grittinni (con quien se hallaba ligado Horacio Fernández, el propietario de Radio Victoria). Su objetivo era crearle un conflicto a Sapag, siguiendo la lógica del enfrentamiento encarnizado que por entonces imperaba dentro del partido gobernante. También se proponían restaurar el contrato con la empresa canadiense firmado por su líder: Jorge Sobisch. Sin embargo, y a pesar del indisimulable aliento inicial brindado por los blancos del MPN, es absolutamente obvio que el proceso se les fue rápida y completamente de las manos. Hacia las 20 horas improvisadas reuniones sobre el terreno habían decidido que el corte de la ruta sería total (sólo se dejaba pasar a las ambulancias) y que se extendería a la ruta provincial Nº 17 y las picadas petroleras[7] por las que también se podía acceder a las ciudades.

Para cortar la ruta se improvizaron barricadas con piedras y escombros, y se incendiaron neumáticos, cuyo fuego servía también para combatir las bajísimas temperaturas del helado invierno patagónico. Los lugares donde la ruta estaba cortada fueron bautizado con un nombre que haría historia: “piquete”. Quienes bloqueaban la ruta eran, pues, los “piqueteros”.

La protesta de Cutral Có y Plaza Huincul no fue exclusivamente una acción de desocupados. Los comercios apoyaron cerrando sus locales o enviando víveres, y una gran cantidad de instituciones civiles se plegaron a la medida. Miles de personas se concentraban en la ruta: llegaban caminando, en bicicleta o en automóviles. Ello no obstante, eran básicamente desocupados los que montaban guardia en los más de veinte piquetes, alimentaban con neumáticos las hogueras de la rebelión, y se enfrentaban a los camioneros y automovilistas que pretendían pasar.[8]

Poco a poco sobre las rutas se fue formando una interminable fila de camiones atascados. El jueves 20 de junio por la noche, ya nadie salía y nadie entraba de Cutral Có y Plaza Huincul.

“El viernes, a las 8 de la mañana la Municipalidad de Cutral Có dispuso asueto. La siguieron la Cooperativa Copelco (electricidad) y la comuna de Plaza Huincul. Se suspendió la actividad de los establecimientos escolares. Rutas cortadas, aeropuerto paralizado, escuelas y comercios cerrados”[9], tal era el panorama imperante en la comarca petrolera cuando comienza a cobrar fuerza un reclamo que parecía ser el punto de acuerdo de todos los manifestantes: ¡Que venga Sapag!

Entre tanto, las autoridades provinciales comenzaban remolonamente a tomar nota de lo que sucedía. El vicegobernador Ricardo Corradi declaró que la situación “es grave”, y opinó que estaba fuera de control puesto que “no hay un cabecilla con quien dialogar”. Sapag, con muy poco tacto, echó más leña al fuego manifestando que ni él ni ninguno de sus funcionarios viajaría a Cutral Có mientras hubiera “insubordinación”, y que no negociaría con delincuentes. Lejos de comprender que lo que tenía en frente era una auténtica pueblada, Sapag veía la realidad bajo el lente deformante de la interna partidaria: para él todo era una zancadilla montada por los “blancos”. Su instinto conservador le decía que si hay insubordinación, ello no podría ser otra cosa que obra de manipuladores: el pueblo es siempre manso, y sobre todo con él, patriarca del Neuquén.

Durante las seis primeras horas del sábado 22 Radio Victoria, que había sido la gran convocante de la pueblada, dejó de transmitir. La idea de su propietario –que comenzaba a sentirse desbordado por la situación y que se creía responsable de lo que ocurría– era descomprimir la situación. Pero si la radio había sido el medio por el cual la convocatoria se motorizó inicialmente, una vez que el proceso se puso en marcha ya no dependió en absoluto de la pequeña emisora de FM. El sábado por la mañana, lejos de descomprimirse, la protesta creció.[10]

El domingo 23 es día de tensa calma. Los cortes de ruta no dan muestra de debilidad. Sapag manifiesta su disposición a dialogar, pero sólo con una delegación que viaje a Neuquén. El obispo Agustín Radrizzani celebra una misa en Cutral Có y respalda la pueblada. Mientras tanto, la jueza federal Margarita Gudiño de Argüelles toma cartas en el asunto, al tiempo que crecen los rumores de un eventual desalojo violento a cargo de fuerzas de gendarmería. Los piqueteros se preparan para resistir, mientras permanecen firmes en su posición: ¡Que venga Sapag!

El lunes 24 es un día de angustia y agitación. No se ha abierto ninguna vía de negociación con el gobierno, y los tiempos se acortan. La jueza ya ha redactado la orden de desalojo y solicitado al ministro del interior, Carlos Corach, el envío de los gendarmes. Una multitudinaria asamblea tiene lugar en la Torre. Algunos –entre los que se contaban ambos intendentes– opinan que hay que enviar una delegación a la capital para negociar. Otros se mantienen firmes en el reclamo de que Sapag negocie en Cutral Có. La asamblea no toma ninguna decisión.

El martes 25 es el día clave. A las ocho y cuarto llegan la jueza y los gendarmes al primer piquete. Son 400 hombres con 33 vehículos, un carro hidrante y seis perros. La noticia de la llegada de las tropas se expande por las ciudades a toda velocidad, y espontáneamente miles de personas comienzan a concentrarse en la Torre. El testimonio de una vieja pobladora lo dice todo: “Empezando del gobernador y toda su comitiva, ¿cómo todos no se pudieron interesar antes de que pasara esto? Antes se tendrían que interesar, porque la gente hace mucho que tiene hambre y no tiene trabajo. Así que eso me dolió en el alma, con todas las palabras que decían en el televisor a mí se me caían las lágrimas, y yo iba corriendo hasta la torre…”[11]

Los gendarmes pasan la primer barricada sin encontrar resistencia: los
cuarenta y siete piqueteros que la defendían se repliegan al verse abrumadoramente sobrepasados en número. Las fuerzas represivas, sin embargo, se topan con los primeros signos de malos augurios: el carro hidrante queda inutilizado por una hora larga, a causa de un alambre de púas que se le enroscó en el diferencial. Para su sorpresa, además, lo que tienen en frente es una verdadera multitud que incluye a casi todos los segmentos y clases sociales, y no meramente –como esperaban– una turba de desocupados zaparrastrosos. “Che, esto no es joda, acá hay gente bien vestida”, exclamó un gendarme.[12] Mientras tanto, en la Torre se discutía ansiosa y acaloradamente las acciones a seguir. Cuando las tropas finalmente se aproximan, comienza la refriega: un numeroso grupo de piqueteros enfrenta a piedrazos a los gendarmes que avanzan arrojando agua y gases. Eran las 10 de la mañana.

Nuevamente, los represores no las tienen todas consigo: un potente viento patagónico dispersa los gases, inutilizándolos, y vuelve contra las tropas el agua arrojada por el hidrante. El marcial avance se detiene. Desconcertada, la jueza se dispone a dialogar. En una combi se aproxima al núcleo de la concentración humana que rodea la Torre. La gente pide que la jueza salga de la camioneta para hablar. Margarita Gudiño accede, y en un episodio memorable es prácticamente izada hasta el techo de la camioneta por un joven cuyo rostro se halla cubierto por un pasamontañas y que levanta a la pálida jueza tomándola de las honorables asentaderas. Margarita Gudiño se esfuerza por disimular el temblequeo de sus rodillas y de su voz. Finalmente, dirigiéndose a los manifestantes, se declara incompetente: “La actitud de ustedes es una clara demostración de levantamiento contra un gobierno provincial. Este es un delito mayor, que es el de sedición y por tal motivo me declaro públicamente incompetente y me retiro del lugar junto con las fuerzas de seguridad que me acompañan”.[13]

Entre los 20.000 manifestantes hay júbilo, algarabía. Y no son pocos los que se dirigen a despedir a las tropas a piedrazo limpio: “Cuando la jueza se declaró incompetente venía mucha gente de la Torre agarrando palos, piedras, etc., porque decían que iban a despedir a la gendarmería”.[14]

Pasadas las 15 hs. los gendarmes, humillados, se retiran definitivamente.

Con la salida represiva descalabrada por completo, Sapag debe abandonar intempestivamente el Encuentro de Gobernadores Patagónicos reunido en La Pampa. A las 17:30 llega a Cutral Có y se instala en el municipio. En una conferencia de prensa en la que lo acompañan, además de sus hijos, los intendentes Martinasso y Pérez, anuncia que no irá a la Torre. Pero cuatro horas después debe cambiar su posición, aceptando dialogar con los piqueteros en la vieja Torre de YPF. “Sapag llegó al puesto de la torre –relata un periódico local– protegido por un grueso cordón policial. Y luego de veinte minutos de diálogo con algunos manifestantes, decidió retirarse, soportando los primeros empujones, silbidos y piedras, de su larga carrera política”.[15] Los piquetes no se levantan, pero se acuerda un encuentro entre una comisión de piqueteros y el gobernador para el día siguiente.

El miércoles 26 de junio, una comisión de piqueteros formada por 17 representantes elegidos en asamblea, espontáneamente liderados por la hasta entonces ignota Laura Padilla, presentan a Sapag un petitorio. Así, “luego de una semana de tensión insoportable, y tras el forzado arribo del gobernador Sapag para deliberar con los piqueteros, una luz de esperanza se encendió con la firma de un acuerdo manuscrito entre el gobernador –muy abatido– y representantes de la pueblada”.[16] Según el acta firmada entre Sapag y los piqueteros, el gobierno asumía los siguientes compromisos: I)  reconectar en 48 horas el gas a aquellos que lo tuvieran cortado, II) entrega de 650 cajas de alimentos, III) reconección del servicio eléctrico, IV) coordinar la entrega de elementos necesarios, V) habilitar con dotación completa el Hospital de Huincul, VI) construcción de un Hospital en Cutral Có, instalación en la zona de las empresas La Oxígena y la Ferrostal, desarrollar la explotación del yacimiento El Mangrullo y llevar adelante un plan de obras públicas (asfaltos, construcción de escuelas, etc.) a corto plazo, VII) garantías de que no se tomarán represalias de ningún tipo, VIII) reunirse diariamente el gobernador con los piqueteros mientras dure su estancia en la ciudad, IX) prioridad crediticia del Banco Provincia para los comerciantes e industriales de Cutral Có y Plaza Huincul, X) programa de emprendimientos productivos, XI) declarar a Cutral Có y Huincul en estado de emergencia ocupacional.

Pasada las cuatro de la tarde, una eufórica asamblea aprueba en la Torre el acuerdo y levanta las medidas de fuerza. En Cutral Có y Plaza Huincul todo el mundo festeja. Pero la alegría durará poco tiempo.

Con tal de descomprimir la situación, Sapag les había prometido a los piqueteros el oro y el moro. Pero una vez que las rutas estuvieron despejadas los acuerdos fueron papel mojado. En la región petrolera comenzó a crecer el descontento y a hablarse de traición: muy pocos tenían dudas de que los líderes piqueteros se habían vendido a Felipe.

El acuerdo firmado entre ATEN y el Gobierno tampoco había dejado satisfecho a nadie. Sapag planeaba la introducción de reformas en el sistema educativo, y los docentes discutían internamente, y con los demás empleados estatales, la manera y la forma de conseguir la devolución del 20 % de salario adicional por “zona desfavorable”.

Los acuerdos de junio habían sido sólo una tregua, y cualquier chispa podía volver a incendiar la pradera.

[1]              Al mismo tiempo, y para agravar el malestar, una resolución del Consejo Provincial de Educación suspendía por 60 días los concursos de ingreso a la docencia para cargos de Educación Física en escuelas primarias, especiales y jardines de infantes.

[2]              “ATEN debe consensuar todas las medidas. Pero si la capital tiene la mitad de los afiliados debe tener la mitad de los votos. Nos dolió el acta-acuerdo porque la votación no fue por voto directo”. Intervención de Lucía Di Pietro ante la asamblea de la seccional Neuquén, 20 de febrero de 1997. Ver Actas de asamblea seccional Neuquén, asamblea 39, 1997, folio 64.

[3]              Al respecto ver Orietta Favaro y Mario Arias Bucciarelli: «Efectos de la privatización de YPF. La desagregación territorial del espacio neuquino», en Realidad Económica, Bs. As., IADE, 1994. Para hacernos una idea de la dimensión de la pobreza basta con señalar unos pocos datos. La municipalidad de Cutral Có había contabilizado unos 3.500 hogares con necesidad de ayuda alimentaria. Ver Diario Río Negro, 27 de junio de 1996. Y según la Encuesta Permanente de Hogares, en octubre de 1996 las localidades petroleras reunían 55.000 habitantes, con 7.900 desocupados (35,7 % de la PEA) y 23.500 por debajo de la línea de la pobreza. Ver Orietta Favaro, Mario Arias Bucciarelli y Graciela Iuorno, «Políticas de ajuste, protestas y resistencias. Las puebladas cutralquenses», en O. Favaro (ed.), Neuquén, la construcción de un orden estatal, Neuquén, CEHEPYC, 1999.

[4]              Ariel Petruccelli, «¿Por qué Cutral Có?», Pido la palabra, Nº 4, otoño de 1997, pág. 25.

[5]              Testimonio publicado en, Pilar Sánchez, El Cutralcazo, Cuadernos de Editorial Ágora Nº 5, Bs. As., 1997, pág. 11-12.

[6]              Plaza Huincul y Cutral Có están “pegadas” entre sí.

[7]              Las “picadas” son caminos construidos y utilizados por las empresas petroleras para el transporte de personal y equipos desde y hacia los pozos. El quilometraje total de estos caminos petroleros es en Neuquén largamente superior al quilometraje de las rutas y caminos nacionales, provinciales y municipales.

[8]              Entre las figuras más visibles en los piquetes, sin embargo, rara vez se destacaban ex-empleados de YPF. La desestructuración del mundo “ypefeano” había creado las condiciones para el “estallido”; pero de la pueblada participaron casi todas las clases y grupos sociales. Los sectores más decididos fueron desempleados (mayormente jóvenes) sin vínculos directos pasados con YPF. Obviamente, la “caída” de los “ypefeanos” afectó fuertemente a todos aquellos que antaño vivían de prestar servicios a esa “aristocracia”: empleadas domésticas, albañiles, niñeras, pequeños comerciantes, etc.

[9]              Pilar Sánchez, El Cutralcazo, Cuadernos de Editorial Ágora Nº 5, Bs. As., 1997, pág. 15.

[10]             Pilar Sánchez, El Cutralcazo, Cuadernos de Editorial Ágora Nº 5, Bs. As., 1997, pág. 17

[11]             Testimonio de Settimia Campise, de 72 años, publicado en Pido la palabra, Nº 3, primavera de 1996, pág. 16.

[12]             Testimonio citado por Javier Auyero, La protesta. Retratos de la beligerancia popular en la Argentina democrática, Bs. As., Libros del Rojas, 2002, pág. 70.

[13]             Pilar Sánchez, El Cutralcazo, Cuadernos de Editorial Ágora Nº 5, Bs. As., 1997, pág. 31.

[14]             Testimonio de un ama de casa, Pido la palabra, Nº 3, primavera de 1996, pág. 21.

[15]             Diario Río Negro, miércoles 26 de junio de 1996, pág. 7. El cronista ha olvidado, sin embargo, el certero puntapié que le propinara a Sapag un obrero de la construcción durante la huelga de 1984.

[16]             Diario Río Negro, jueves 27 de junio de 1996, pág. 6.

Docentes y Piqueteros (De la huelga de aten a la pueblada de Cutral Có. Ediciones El Cielo Por Asalto-El Fracaso. 2005

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