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Forma y contenido

El medio es también el mensaje, dice el dicho. Fines e instrumentos se vinculan dialécticamente. La novedad en ciernes no trata solamente de un cambio de canal, sino de lo que sucede, de lo que acontece. 

Forma y contenido se configuran entre sí, viejo lema de la pedagogía. Si enseño matemática repitiendo mecanismos, entonces enseño una especie particular de matemática, no La matemática (que no existe tal cosa). Los contenidos son, básicamente, lo que hacemos en clase juntos docentes y estudiantes.

Textos claros, consignas más depuradas que nunca, actividades organizadas, audios expositivos, breves videos, hasta algún mural virtual, un foro de discusión, todo suma. Pero es otra cosa. Ni continuación de la alfabetización por otros medios ni fase superior de la enseñanza. Las TICs ahora son a la educación popular lo que el rodillo a la bicicleta: un incomparable “peor es nada”.

El aula virtual no remeda al aula real con algunos cambios. Sería análogo a suponer el automóvil como un caballo con aditamentos: en vez de patas, ruedas; en lugar de ojos, faros; nafta a cambio de pasto. Pero no hay apego ni semejanzas entre un concepto y otro. Son entidades sin solución de continuidad. Irreductibles ámbitos; cruda y tajante ruptura. El sueño de la razón engendrando monstruos: en ese vehículo equinotorizado, no pasearía.Porque no se trata de una situación simplemente incómoda, producto de nuestra incapacidad etaria o de una tecnofobia patológica. Aquí hay más que un mero obstáculo sorteable con paciencia e intentos. No es cuestión de “amigarse” con los monitores, de aprender a manejar el campus y responder a todos en el e-mail. Si bastara con un tiempo de capacitación, con un período de “reciclaje” al mundo milennial, no habría temores. Pero el asunto parece bastante más profundo que una piedra en el zapato.

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Resolver la brecha de acceso digital, la falta de conectividad y la distribución masiva de equipos es fundamental. Es un derecho social. Pero no cambia la discusión pedagógica. Cuando haya 5G y 6G para todes, el debate seguirá vigente. Porque la conectividad no es la fortaleza de un cable ni la eficacia de la fibra óptica. La conectividad que nos interesa es la que se gesta en el vínculo pedagógico, más allá de los medios tecnológicos.

Toda virtualización es política. Porque la modalidad determina lo que se está enseñando. No parece haber modo de escaparle a sus fuertes condicionamientos, más cuando la propuesta es amoldarse a sus requerimientos, y no viceversa.

Una escuela, sea del incipiente nivel inicial o de los adultos más estacionados, no es un nodo de casas. Una escuela es una institución irreemplazable. Porque lo que allí sucede es irreemplazable.

La escuela es experiencia, es acontecimiento, es una práctica en situación. Es vínculo, grupalidad, proyecto colectivo. ¿Qué responden un pibe o una piba cuando les preguntamos cómo le fue en la escuela?

Lo que pasó; nos cuentan lo que les pasó.

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