Cooperativa Obrera.

Autor: Hugo Alvarez

La ciudad en singular, cada una de ellas con sus particularidades, tienen un discurso propio, algo así como un lenguaje mezclado con su historia que se hace presente[i]. La ciudad habla, susurra y a veces grita hasta aturdirnos. La ciudad siempre está ahí, con tensiones permanentes producto de su inevitable dinámica interna muchas veces ambigua y violenta. Y la violencia se presenta de manera elocuente, exuberante, ostentosa esta vez en un supermercado que se desploma como consecuencia de una construcción no habilitada y una pregunta espontánea de ese mismo jueves a la tarde noche era; ¿Quién o quienes asumirán la responsabilidad ante lo sucedido? Hasta ahora nadie se hace cargo. Nadie.

Las imágenes de ese jueves 25 de octubre en el supermercado de la calle Godoy en el oeste de la ciudad de Neuquén eran elocuentes; horror y días amargos, cargados de indignación e impotencia. Días y noches  en los que necesariamente había  que tomar distancia de lo superficial y cotidiano para intentar poder dimensionar de algún modo lo ocurrido en el supermercado Cooperativa Obrera. Imágenes y tiempo de injusticias vinculado estrechamente con una exuberante riqueza y exposición de la misma sin importar las consecuencias en esta provincia de renta petrolera. Como no sucedía desde hacia tiempo, en Neuquén capital, el “pánico, el entumecimiento, la desesperanza y el dolor” se apoderó de la ciudad capitalina y de su gente: “jueves negro”, fatídico para muchxs. Neuquén tiene la marca de lo excepcional y de lo no previsible.

Creo que al menos esos primeros días, la opinión pública, como pocas veces, comenzó a crisparse ante las declaraciones de funcionarios públicos que no le pueden encontrar la vuelta a la tragedia, que como toda tragedia, parecía ser extraída de “crónica de algo que estaba por ocurrir”. Y finalmente ocurrió lo peor. Han sido 7 las muertes o las vidas que quedaron sepultadas ahí debajo de toneladas y toneladas de escombros y hormigón. Innecesarias muertes que son sin lugar a dudas el extremo de un mercado inmobiliario turbio y atravesado por múltiples intereses públicos y privados, a lo que se le podría sumar falta de inspectores, complicidad para construir en donde sea y una clara desidia por parte de quienes deben controlar.

A horas de la tragedia hubo un concierto babélico de voces y opiniones de funcionarios públicos que poco decían y nada explicaban; circulaban en las calles neuquinas muchas preguntas y pocas respuestas se generaban. Me pregunto, varios nos preguntábamos: ¿No deberían haber buscado (los funcionarios)  respuestas en los millonarios negocios inmobiliarios que existen en la ciudad impulsados en nombre del progreso y la modernidad por la mismas clase dirigente municipal y provincial? Sabemos de antemano que lo ocurrido es de una complejidad que obliga a no caer en afirmaciones y aseveraciones de carácter obvias y simples, pero aun así, estoy convencido que la situación exige al menos esbozar una denuncia aunque se incurra en obviedades. Justamente esto último es lo que uno no esperaba  ni del Intendente de la ciudad ni del gobernador de la provincia; sus declaraciones en medio de la angustia y el dolor, fueron mamarrachesca y tribuneras. ¿Cómo se podía afirmar que era una construcción clandestina? si la misma se encontraba a escasos metros de una de las calles más transitadas de la ciudad, como lo es la calle Belgrano; detrás justamente de una de las sucursales más importante del Banco Provincia de Neuquén.  Tengo la impresión de que la gente esperaba  en las apreciaciones, al menos del Intendente, algo más de autocritica en sus afirmaciones, y más énfasis en la crítica acerca de este tipo de construcciones. Edificaciones que al parecer, nunca fueron autorizadas por los organismos contralores del estado municipal.

Lo que pasa y lo que está pasando en Neuquén a raíz de la tragedia en el supermercado exige, en primer lugar, una discusión política en torno a lo que no están haciendo en esta gestión municipal y lo que no hicieron las anteriores gestiones. Hay que discutir lo estructural de lo que está ocurriendo en la ciudad. Discutir por qué, hace apenas un par de semanas, una alumna universitaria intenta cruzar una ruta y muere aplastada por un camión. Se debe discutir nuevamente por qué, hace unos años, un alumno universitario desapareció cuando había asistido a un local bailable y nunca más se supo de él. Se debe discutir por qué miles y miles de neuquinos viven en pésimas condiciones y la primera medida de gestión del Intendente actual fue erradicar a los conocidos “trapitos” porque “afeaban el centro de la ciudad”. Gestión que además impulsa una Ley de residencia para vendedores ambulantes por citar algunas cuestiones tremendas que ocurren.

Qué ciudad disparatada es Neuquén. Ciudad en donde las mayorías parecen estar en un estado de  permanente desamparo. Qué disparatado suena esto último pero es así nomás. La centenaria ciudad de Neuquén, tiene desde el jueves 25 de octubre un lugar cargado de sentidos, producto de la negligencia de un constructor privado con la complicidad del estado municipal. El lugar en cuestión, un supermercado destruido en donde quedaron sepultados niños, jóvenes y adultos, ciudadanos de a pie, se transformará en un lugar lleno de memoria y ya nada será igual.  Un lugar de permanente interpelación, de marcas absolutamente evitables. El lugar que ocupaba la Cooperativa Obrera, sin lugar a dudas de ahora en adelante se transformará en un espacio físico que seguramente nos evocará a cada una de las víctimas de un claro hecho de corrupción y negligencia estatal. La vida de cada uno de los familiares, amigos y compañerxs de trabajo de cada uno de ellos ya no será la misma. Borges, alguna vez señaló que “los ojos ven, lo que están acostumbrado a ver”.  Vale decir que, la vida de quienes vivimos en una ciudad como la nuestra, la vida misma como sujetos sociales que pensamos, sentimos y actuamos se encuentra permanentemente atravesadas por contingencias, situaciones urbanas que configuran nuestra memoria colectiva. Nos configuran y desconfiguran en la esfera pública así como en la privada. Se construye la memoria que será interpelación de lo ocurrido y que debiera servir para recordarnos que, más allá de los negociados y la renta que se obtiene del negocio inmobiliario millonario, lo que importa sobre todo y ante todo es la vida misma que no tiene precio alguno[ii].

Quisiera agregar una última cosa que es sobre todo visceral e incorrecta, pero aún hecha la aclaración me parece que tenemos derecho a putear a un tal Guerrero, al arquitecto responsable, al capataz y a todos aquellos que acostumbran a naturalizar la corrupción. Tenemos derecho a putear a los funcionarios públicos que ensayan discursos vanidosos y sin sentido. Tenemos derechos a equivocarnos en nuestros análisis y no está  mal. Quienes no tienen margen para la equivocación serála Justicia. Resultará indispensable entonces que se haga Justicia y quienes tienen responsabilidades políticas también sean jugados más temprano que tarde. Hay seguramente mucho trabajo por hacer en este caso. Mientras tanto el reclamo en la calle continua.

Leer nota sobre convocatoria: www.8300.com.ar/2012/12/27/nueva-marcha-de-velas-por-las-y-los-fallecidos-en-el-derrumbe-de-la-cooperativa-obrera/

[i] Hoy la ciudad de Neuquén, que duda hay, es un espacio de permanente renovación estética y visual, si se tiene en cuenta las grandes nuevas construcciones arquitectónicas públicas y privadas que se han realizado (CAM –ciudad administrativa ministerial-, ciudad legislativa, el gran edificio legislativo) que han tendido a invisibilizar tragedias y a otros actores urbanos como han sido los lavacoches, mendigos, trabajadores económicos informales, jóvenes pobres, así como expresiones y colectivos culturales por citar algunos que han sido virtualmente echados por las gestiones municipales recientes

[ii] Por estos días la ciudad de Neuquén se está haciendo muchas preguntas. Se escuchan insistentemente muchos ¿Por qué? Muchos. Quizás allí resida la fuerza de esta joven y cosmopolita ciudad que intenta torcer una historia que ha sido adversa en los últimos recientes años (casos de gatillo fácil, represión ante la protesta social por citar casos emergentes)

 

 

 

 

 

 

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