¿Comenzaremos a preguntarnos…?

Autor: Seba Alegre
14webbbbbweb238318_1754705664807413_7529629622965304618_nHace pocos meses, un “efectivo” de la Policía de Neuquén sacaba su arma -ese pedazo de metal que el orden republicano puso un día en sus manos para cuidar vaya uno a saber qué cosa- y abría fuego sobre un delegado sindical. Poco tiempo resonó el caso, más allá de unos circunstanciales: que un comisario hizo “inteligencia” sobre los periodistas que cubrían el hecho; que los trabajadores llevaban adelante un reclamo; que el policía “se sintió amenazado”; que el trabajador que salvó su vida de milagro, enfrenta hoy una causa judicial por disturbios.

Ayer nomás, un pibe tucumano era fusilado en el suelo por un policía que, según su familia -que pudo registrar el hecho-, “se la tenía jurada”. ¿Qué sabremos de este caso en las próximas horas? ¿Qué resolución tendrá el crimen del pibe en el barrio del Flores, en la Capital? Parece que la crónica policial de los últimos tiempos es más policial que nunca. En todos los casos un común denominador: la acción u omisión de la policía más cercana al delito que al impartir de “justicia”.
Hace casi diez años fusilaron a Carlos Fuentealba. A diez años, y producto de un contexto político que las ampara y les da carta blanca para meter bala, las policías se han vuelto ese tigre cebado que ha abandonado los llanos y hoy recorre todo el país. Primera pregunta con respuesta inmediata: ¿Quién le soltó la cadena al tigre cebado? La cadena la suelta la mano que la sostiene. Es la mano de jueces, de fiscales. Es la mano del poder político que necesita al tigre cebado para “chumbárselo” al que tenga la osadía de cuestionar su rol de dueño del circo. Y esa acción mediante la cual los dueños del circo, los ayudantes de pista y los tigres cebados se cubren las espaldas se llama impunidad.
Ayer (o hace unas horas) la Justicia Neuquina declaró formalmente extintos los tiempos de la causa Fuentealba II. Ya no hay posibilidad de juzgar -en el ámbito de la Justicia “judicial”- las responsabilidades políticas del fusilamiento del docente neuquino. Por ahora, los dictámenes nos dicen que volvieron un tigre cebado a la jaula y que los ayudantes de pista y el dueño del circo perseveran en su condición de tales. Hasta aquí, he incurrido en el abuso de algunas metáforas sencillas y argumentos más o menos por todos conocidos para probar algo que es casi sabido por todos: Neuquén -y la Argentina de Macri- es el Circo de la Impunidad.
Y en el circo todo tiene un costado más o menos bufonesco. La justicia no escapa esto de ser una caricatura de sí misma: pasillos interminables -en sentido literal y figurado-; vericuetos intrincados por los que deambulan las causas populares como ánimas en pena -en sentido literal y figurado-, del juzgado de Fulano al despacho de Mengano, a la oficina del Dr Sorete de Tal… Durante casi diez años hemos sido peregrinos de esos vericuetos. Hemos tenido la esperanza -porque somos hombres y mujeres habituados a la utopía- de lograr que prospere ese peregrinar y porque le dijimos clarito y con todos los fundamentos: A Carlos lo mató la Policía -y no solo UN policía-; Sobisch dio la orden y sus lacayos actuaron en consecuencia. Ayer volvimos a recibir el sopapo de los payasos del circo. Una bofetada que nos acomodó el norte de nuestras preguntas. ¿Dejaremos de preguntarnos a quién habremos de exigir justicia? ¿Comenzaremos a preguntarnos entre nosotros acerca de cómo exigirla?.
Seba Alegre -Viento del Sur-
publicado originalmente 28.12.2016

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