CESAR VALLEJO: PERPLEJO, PROFANO Y REBELDE. APROXIMACIÓN A LOS HERALDOS NEGROS.

Resumen

En la lectura de los primeros versos del poema que da comienzo a Los heraldos negros, puede notarse la ejecución de una poética que desarticula una ética fundada en la lógica racionalista. Ante la posibilidad de al menos una única certeza en el pensamiento cartesiano y la concepción de la duda de carácter metodológico como motor del conocimiento, César Vallejo opone la inexistencia de toda certeza: “Hay golpes en la vida tan fuertes…Yo no sé”, escribirá el poeta peruano. En este sentido, la poética que plantea Los heraldos negros parece fundarse sobre la insuficiencia: un yo poético que instala la duda ya no con valor metódico, sino como expresión de la angustia; un lenguaje que resulta insuficiente para nombrar la experiencia del dolor. El Dios omnipotente y misericordioso de la tradición judeocristiana se vuelve hostil al hombre en el universo poético de Los heraldos negros; toda su creación es reducida al azar: la divinidad, torpe e imperfecta, hecha a rodar la Tierra como un dado. Es el hombre quien se transforma en el verdadero Dios, y lo hace mediante el sufrimiento y la rebeldía.

Este artículo es, tal vez, un acercamiento a la obra de un poeta. Es, también, una excusa para introducir una fotografía: el robo de una porción de realidad descarnada. El diafragma de la lente de Kevin Carter, galardonado luego con un premio Pullitzer, –esa extensión ciclópea de ojo humano- se abrió en Sudán y retrató aquello que la poesía busca incansablemente nombrar; aquello que tiene tanto de silencio como de inefable; aquello que asfixia; aquellos golpes que se asemejan al “odio de Dios”.

El ser perplejo en vallejo

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