La dictadura sidomilitar en la escritura intersticial del cronista Pedro Lemebel (o El regalito colonizador del imperialismo yanqui a la comunidad travesti sudaca)

Autor: Mariana de la Paz Arabarco

lemebel

Entre fronteras textuales, Pedro Mardones Lemebel construye la imagen de
cronista que le permitirá canalizar discursos de sectores subalternos en el paisaje urbano
de la cultura chilena. La figura de travestismo que habita la fisura abierta entre lo textual
y lo sexual resiste a la categorización, excede los espacios definidos por el orden
dominante. Considerando la hibridez como eje de escritura y los márgenes como lugar
de enunciación del escritor, me propongo analizar principalmente “La noche de los
visones (o la última fiesta de la Unidad Popular)” en diálogo con “Los mil nombres de
María Camaleón”, ambas crónicas pertenecientes a su obra Loco afán: crónicas de
sidario (1996). Continuar leyendo

Irreversible: El otro pliegue de la resistencia (o la mirada saereana del peronismo)

Autor: Mariano Pacheco

“Una metafísica negativa revela la precariedad de la vida”

                                Beatriz Sarlo, en Zona de Prólogos

En 1964, el mismo año del “Operativo retorno” a través del cual Juan Domingo Perón intentó sin suerte regresar al país, luego –entonces– de nueve años de exilio, ese año –decíamos– Juan José Saer publica su primera novela: Responso. El autor que cuatro años después se radicará en París, vivía entonces en Santa Fe. Allí llevaba casi una década publicando poemas en el diario El litoral. Ya estaba en las calles su primer libro de cuentos (En la zona, 1960), en los que reunía algunos de sus textos escritos entre 1957 y 1960. Cinco años después de Responso, ya en Francia, Saer publica la que hoy puede ser considerada una de las novelas más importantes de la década: Cicatrices. Ese mismo 1969 Rodolfo Walsh publica ¿Quién mató a Rosendo?, para Martín Kohan, una suerte de reverso del texto saereano.

Responso y Cicatrices, entonces, como dos textos a partir de las cuales podemos leer –para decirlo “sartreanamente”– lo que las estructuras hicieron con muchos hombres que, a partir de la instauración de la “Revolución libertadora”, quedaron atrapados en lógicas descolectivizantes que los llevaron a derrapar, que forzaron sus vidas hasta extremos insospechados. Continuar leyendo