Brindemos por la palabra escrita con Kurt Lutman.

Autor: Viento del Sur

web12744044_10208738452287479_5184210000236043444_n¿Cómo se lee? ¿Se lee? ¿De manera crítica? ¿Con pasión o sin pasión? Leemos no importa el soporte. Hay quienes les gusta el papel, la materialidad de las letras. La experiencia de leer necesita de sentidos, de palabras, estableciendo recorridos significantes. Pensamos un par de preguntas e invitamos a Kurt Lutmaņ quien aceptó responder algunas preguntas simples (en esta sección) , con respuestas interesantes, únicas y criteriosas, personales. Nacio en el 76 y fue idea de su mamá que se llamara Kurt, raro y no tanto. Jugador de la “Lepra” y muchos otros equipos, y varios trabajos plebeyos. Y un escritor que intentaremos hacerle marca y difundir sus textos en Viento del Sur.

-¿Qué libro o libros estás leyendo actualmente? ¿Qué libro o libros recomendarías y por qué?Actualmente estoy leyendo “El quinto acuerdo” un libro Tolteca. Recomendaría el libro “Mapas para el extasis” de Gabrielle Roth, ella es maestra de danza y terapeuta, trabaja el movimiento del cuerpo como experiencia Chamanica. Muy bonito libro.
- A Kurt le gusta leer en papel o también lo hace en la computadora ¿Qué prefiere?
Me gusta leer en Papel. Y como lector busco historias en las que pueda creer y mirarme. Historias que me ayuden a transformarme, sea desde la comicidad, el suspenso o el testimonio, busco crecer.
- Usted como lector ¿Qué busca en la lectura? ¿Cómo es usted como lector? En cuanto a tu oficio de escritor…¿Cuánto te cambio el arte de sentarte a escribir? ¿Qué implica para usted sentarse a escribir un texto?
-Me modificó la experiencia de encontrar la palabra que más me guste. Jugar con eso, volver a jugar siempre es reparador y jugar con palabras e historias siento, es lo que me apasiona por ahora. Sentarme a escribir implica crear una realidad que a veces no existe y sería hermoso para mi que existiera, es crear momentos y lugares que merecemos(a mi entender) vivir.
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JUGUEMOS EN EL BOSQUE
“Se prueban chicos categoría 2006/5/4/3/2” El afiche pegado en la puerta del club no sorprende y por el contrario, entusiasma.
Las pruebas que se realizan en los clubes infantiles son cada vez más y la mayoría están atravesadas por una dinámica a la que vale la pena observar. En una “prueba de jugadores” (niños) no hay “TIEMPO”. En una prueba (partido de 30 o 40 minutos) el niño debe: 1- entregarse al juego de manera relajada para así poder desplegar todas las habilidades y conocimientos.
2- Construir lazos inmediatos con sus compañeros desconocidos para poder potenciarse como equipo.
3- Aprender 6 nombres más en 3 minutos ya que un juego colectivo sin comunicación es inviable.
4- Desplegar en 40 minutos toda su destreza individual y colectiva, con el marco descrito anteriormente y con esas condiciones lúdicas.
5- Lograr el único objetivo que esta instalado, que es ser parte de los poquitos que estarán dentro. SOBRE-SALIR para así pertenecer y no ser rechazados, no ser excluidos del futuro equipo e institución.
A este clima lúdico se los somete a los niños en esta época del año (enero/febrero) pibes de 6, 7, 8, 9 y 10 años, donde se “cree” que se definirá parte de su carrera y o futuro. Metamos la cuchara en las exigencias de los 5 puntos desarrollados arriba:
1- Es imposible entrar relajado a un juego al que no se conoce a nadie, te llaman por el apellido y tenes 40 minutos para demostrarle a alguien, que tampoco conoces, que sos “valioso” y mereces ser incluido.
2- Al ser un juego de equipo es vital, para desplegarte individualmente, apoyarte en la confianza y el afecto de tus compañeros. Esta ingeniería lleva “TIEMPO”. En estos espacios existe la urgencia, no EL TIEMPO, todos son desconocidos y el estado anímico del chico no es contemplado.
3- A contratiempo el niño tratará de registrar a sus compañeros de alguna forma, aprender los nombres es una de ellas, aunque imposible debido a que solo a convivido durante 150 segundos que fue el tiempo que se tardo en reunirlos, enunciar sus nombres y apellidos en voz alta y darles las pecheras para distinguirlos en dos equipos. Pecheras ni siquiera numeradas, lo que impiden encima poder decirle”…tocá 5”.
4- En ese baruyo anímico el silbato da la orden de que empiece el partido/prueba. El niño se siente desconocido y desconoce al resto, al correr en exceso y descordinados del resto, y sumado a la incomodidad del marco de juego, se llena de acido láctico. Este líquido que segrega el cuerpo ante situaciones de presión y esstres hacen que las piernas no respondan como deben. La cuenta regresiva de 40 minutos aprieta, si el niño se equivoca en alguna jugada, su ánimo disminuirá y el resto de los desconocidos, que usan su misma pechera, no podrán hacerse cargo de inflarlo, sostenerlo y apuntalarlo ya que la trama del juego es sobresalir por sobre el resto.
5- Al término de la práctica el niño es llevado a un costadito para que le devuelvan la prueba “corregida”. La sabiduría encarnada en el Zoquete con silbato dará el veredicto. ADENTRO o AFUERA. SER PARTE o ESTAR EXCLUIDO. SOS VALIOSO o NO. El asesinato culmina cuando el niño luego de haber vivenciado el episodio… lo cree. El asesinato empezó cuando los padres del niño lo creyeron.
CREER Y REVENTAR
De esta lógica perversa es imposible escapar como padres. Todos los que llevamos a nuestro hijos a una prueba de jugadores “creemos” en el adentro o afuera. Todos vamos a querer que nuestro hijo sea aceptado y pertenezca, y esta alegría desbordante hará invisible al resto de los gurises y su tristeza. CREEMOS. A nuestra generación de padres, se nos fogueó en esta creencia. De la dictadura para acá ese fue el código y el lenguaje. Adentro o afuera. Hay lugar solo para pocos. Triunfas o sos un fracaso.
LOBO ESTÁ
Acompaño a mi hijo hasta la puerta del club y llegamos obedientes 5 minutos antes de la hora acordada. Entramos de la mano y de golpe sin buscarlo me cae una ficha que viene atada de angustia. Parpadeo y me siento un pelotudo. A la CREENCIA ya la tengo adentro hasta el cogote y en ese momento llaman a mi hijo para anotarlo antes de la prueba de jugadores. El sale corriendo y siento que se me escapa de las manos. El órgano mas sensible del hombre es el hijo diría Fontanarrosa.
A la vuelta, ya en casa, giro y lo veo jugando distraído a otra cosa. Agradezco a Dios que se haya olvidado ( se habrá olvidado?) de las dos horas que pasó hace un ratito. No quedó en el equipo. No fue elegido. Afuera. Consideraron que no era lo suficientemente valioso. Otra ficha cae y me sacude. Entiendo que estuve “preso” de esta creencia llena de mierda durante toda mi vida y se la convidé a la persona que mas amo en el mundo. Se la expliqué para que la crea. Se la mastique para que la morfe. Le hablé de fútbol, de estrategias y formas, sabiendo que lo iban a evaluar, le hable de sacrificio y que no pare de correr ya que a los que eligen en las pruebas eso les gusta. Todo ese tiempo de charlas, demostraciones y enseñanzas culminó en algo terrible…mi hijo me creyó. Aturdido me propongo, que ahora empieza “mi” prueba y esto me calma. Ahora juego yo. Armar nuevas creencias. Romperme para “re armarme”. Pongo la pava y sin buscarlo camino hasta el estante de papeles. Abro en la mitad un cuaderno de anotaciones viejo y me topo con una frase escrita en lápiz hace años: “… la búsqueda de la libertad, mi amigo, es declararse la guerra…” (Castaneda)
Kurt Lutman nos cuenta que su obra literaria es una obra hecha a mano literalmente y metafóricamente también. O a pulmon. O a corazón. O con los pies. Sin pedir mucho permiso me largué a escribir y lo recomiendo…todos podemos escribir una obra, absolutamente todos, solo tenemos que boxear los fantasmas que nos detienen. Cree no tener idea de quien es Kurt Lutman, “pero estoy seguro que lo voy a terminar sabiendo antes que muera.

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