Al maestro, Carlos Fuentealba

Autor: Lula Rusilowiez/Nico Rodriguez

12919644_1689426074668706_2405337532303156286_nMe dirijo a usted don Carlos ya que supe de su historia y realmente, desde mi lejano lugar, quería que conociera lo que ha provocado en este humilde obrero de la construcción que espera la oportunidad de terminar los estudios secundarios. Si bien se pregunte por qué gasto el tiempo escribiéndole a una persona que no está viva, sepa que cada cuatro de abril usted camina por las calles de Argentina dando clases. No cualquiera, ¡mire que hay clases! Pero la más importante es esa que nos ocultan para que nadie empiece a enseñar cómo se hace, la de lucha de clases. Estuve muchos años pensando cómo enseñaría un docente la lección y se me ocurrió esto: si un obrero debe trabajar nueve horas diarias, o más, para satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia, recibiendo una paga un 60% por debajo de lo normal en su rubro, el porcentaje restante de salario queda en manos del empleador, y representa la plusvalía generada por la labor. La apropiación de la plusvalía es el máximo exponente de la explotación capitalista. Llegué a entender cómo engordan de plusvalía en plusvalía gracias al gobernador de mi provincia, a él se le ocurrió quitarles derechos a los docentes con lo que denominan «ítem aula». Fue entonces cuando vi pasar ante mí la respuesta al problema, vestía guardapolvo blanco y tenía su rostro, don Carlos. La única salida es la lucha, de ahí surge mi necesidad de escribirle, sé que esta carta no va a tener respuesta o que tal vez nadie la lea, menester es escribirla y se convirtió en motivo de insomnio al no entender yo el motivo de dicha necesidad.

Ahora con claridad, puedo decirle que usted ha sido capaz de enseñarme que cuando te quitan un derecho no hay que agachar la cabeza, hay que defenderlos y no solo por uno sino por los que vienen detrás. De usted he aprendido que el blanco de las tizas no se debe manchar de sangre y que el albo guardapolvo es símbolo de lucha. A pesar del tiempo y de no haberlo conocido en persona debo decirle que usted me enseñó el valor de la lucha contra los poderosos que roban a nuestra clase.
Usted es mi maestro y yo soy su alumno.

 

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