A diez años del fusilamiento público de Carlos Fuentealba.

Autor: Ariel Petruccelli

vientodelsurDSCN4522Hace exactamente diez años el profesor y militante de ATEN Carlos Fuentealba fue asesinado sobre la ruta nacional número 22, en Arroyito, por el cabo de la policía de la provincia de Neuquén José Darío Poblete en el marco de una represión ordenada por el entonces gobernador Jorge Omar Sobisch. El autor material del asesinato fue condenado por la justicia y actualmente se halla preso. El autor intelectual y responsable político del fusilamiento de Carlos ha eludido hasta ahora el castigo judicial. Se ha hecho acreedor, sin embargo, de una fuerte condena social, que eclipsó al menos por una década su carrera política. Que Sobisch permanezca en esta suerte de ostracismo político e, incluso, que finalmente sea juzgado y condenado por un asesinato cuya responsabilidad asumió ante las cámaras de televisión, es algo que dependerá de la capacidad de memoria y de movilización de la sociedad neuquina.

La represión de Arroyito no fue un rayo en cielo sereno. Desde 1996, cuando fuerzas de Gendarmería fracasaron estruendosamente en disolver la pueblada de Cutral Có, los distintos gobiernos del Movimiento Popular Neuquino recurrieron crecientemente a medidas represivas para enfrentar a las protestas sociales y sindicales. La violencia estatal e incluso para-estatal fue in crescendo. Jorge Omar Sobisch se embanderó por completo con una perspectiva fuertemente represiva, redoblando la peligrosa tendencia iniciada por Felipe Sapag. Los líderes del MPN creían que con balas y aprietes se podía acallar las demandas sociales. Entre 1996 y 2007 no hay un solo año en el que no se registre una o varias represiones a docentes, estatales, desocupados u ocupantes de terrenos por falta de vivienda. Teresa Rodríguez es asesinada en 1996; hay heridos de balas de plomo en diciembre de 2001 y en 2003, n ocasión de la represión a trabajadores desocupados que luchaban contra la “bancarización” de su planes sociales. Durante la huelga de ATEN de 2006 Sobisch recurre a fuerzas parapoliciales: el ataque de los falsos “cascos amarillos”, con una “zona liberada” por la policía provincial, tal como fuera denunciado por el mismísimo subcomisario de policía de Cutral Có, Mario Zambrano.

En 2007, finalmente, Carlos Fuentealba es asesinado sobre la ruta 22, desatándose de inmediato la más grave crisis política que viviera la provincia. Lo cual marcó un punto de inflección. El recuso a la violencia represiva para tratar con movimientos de protesta social disminuyó sensiblemente. No desapareció, desde luego: el caso de Rodrigo Barreiro, baleado durante la represión a la enorme manifestación contra el acuerdo Chevron/YPF en 2013, o el reciente desalojo de ocupantes de terrenos son un recordatorio de que el MPN no abandona el recurso a la represión. Pero sí disminuyó, en comparación con la década anterior.vientodelsur_0170404_093132

El asesinato público de uno de sus militantes colocó a ATEN ante una difícil situación, que bien podría haber llevado a un grave retroceso de la organización. De hecho, la salida del duro conflicto de 1997 (que detonó el estallido de la segunda pueblada de Cutral Có en el marco de la cual fue asesinada por la policía Teresa Rodríguez) tuvo como consecuencia un período de reflujo de cuando menos un lustro del sindicato, y graves tensiones internas. No sucedió lo mismo en 2007. ATEN salió del conflicto cohesionado internamente, a pesar de lo crítico de la situación. Esto redundó, en los años sucesivos, en una gran capacidad para movilizar a sus bases (como sucediera en 2009 y 2010). No sería equivocado afirmar que, en medio de durísimas circunstancias, se puede apreciar un doloroso pero productivo proceso de aprendizaje colectivo, que se manifestó en no apresurarse a poner fin a un conflicto de alta intensidad, procurando alcanzar, si no la unanimidad, sí un amplio consenso para decidir cuándo y cómo negociar (luego de que se tornara evidente que el anhelo de voltear a Sobisch requería de otras fuerzas sociales). De conjunto, la organización había aprendido de la dura experiencia de 1997.

La unidad de ATEN es y ha sido siempre unidad en la acción. Nunca tuvo el sindicato unidad  política o ideológica (por suerte, podríamos agregar). La dura experiencia de 1997 y la apresurada salida del conflicto implicaron que la organización tuviera escasa capacidad de movilización y acción conjunta por más de un lustro, en el curso del cual las diferencias internas recrudecieron pero, sobre todo, alejaron más que acercaron a las bases; desmovilizaron antes que movilizar. Por el contrario, luego de 2007, si bien las disputas fueron fuertes y claras, el resultado no fue la desmovilización sino lo contrario: lo prueban las masivas huelgas y asambleas de 2009 y 2010..

Hoy, en medio de una nueva huelga de gran intensidad, con asambleas impresionantemente numerosas y movilizaciones imponentes, ATEN se apresta a conmemorar con una gigantesca movilización el décimo aniversario del asesinato de Carlos, mientras continúa reclamando por el castigo a los responsables políticos e intelectuales. Guste o no, los trabajadores de la educación de Neuquén y su organización sindical, con las pujas y controversias que son naturales en cualquier organismo sociopolítico verdaderamente vital, siguen siendo un increíble ejemplo de democracia directa, participativa y deliberativa. Ejemplo de rebeldía y solidaridad. Maestrxs de la protesta y de la lucha por un mundo mejor.

¡Salud atenienses! ¡Carlos Fuentealba vive, ahora y siempre!

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