¿Estamos hablando de una revolución?

La cuarentena desnudó una realidad acuciante en nuestra provincia para quienes realizan trabajos culturales: no hay alternativas oficiales inmediatas preparadas para contener la contingencia frente a la imposibilidad de producir. Si desde el gobierno siempre se habló de una “revolución cultural” para definir a la actual gestión, ¿cómo quedan las fichas acomodadas en el tablero hoy?

Por Fernando Barraza

Se puede ver por todos lados: una potente catarata de reclamos cayó y cae en contra del Ministerio de las Culturas de la provincia en el último mes. Todos apuntan a denunciar la inactividad por parte de la cartera en épocas de restricciones sanitarias que están afectando duramente a lxs trabajadorxs culturales de toda la provincia.

Para ninguna gestión existe un manual para transitar sin sobresaltos grandes esta cuarentena devenida de la pandemia global, eso es cierto, pero también es cierto que, si lo que se articula es un Estado con vocación de presencia en la cobertura social, bien posicionado desde lo técnico sobre las bases de lo que fuera necesario atender, los cimbronazos debieran sentirse mucho menos. En este sentido, en algunos campos del ejecutivo provincial se han empezado a sentir los primeros tembladerales ya en abril de este año, a menos de un mes de haber comenzado la cuarentena, cuando una sola cosa era notable y cierta: iban a haber rubros que se verían completamente imposibilitados de producir y obtener renta de su trabajo.

Genocidio indígena en tres actos

1. Ahora, represión en la comunidad Lafken Winkul Mapu del Lago Mascardi, Bariloche, donde ultimaron por la espalda Rafael Nahuel en noviembre de 2017. La comunidad mapuche envía audios desesperantes. Cuentan que la policía cortó la ruta para que nadie se acercara, que rodeó el lugar por patrulleros, que prendió fuego una cabaña y que está disparando contra las familias.

Prendo la tele y hablan de “aparentes mapuches”. El zócalo es lapidario: “Denuncian a mapuches por terror”. Medios nacionales y locales vienen hace días instalando la idea de que la comunidad era “violenta”. Porque esas represiones no aparecen de la nada: siempre están ahí los discursos periodísticos para preparar el clima que garantice luego la represión sobre esos cuerpos.