Pascual, el cura obrero, el cura trabajador. Una historia de lucha.

Autor: Bezic Dinka Natacha/Laura Rodriguez Labourdette

En Plottier, no muy cerca de la meseta y no tan alejada de la ruta nacional Nº 22 nos esperaba ella, Margarita Labourdette en su casa, con los recuerdos de aquella época en los ojos y las sensaciones a flor de piel. Se describe como una mujer sensata, alegre, agradecida por lo que la vida le deparó.  Nosotras la declaramos militante, valiente. Pascual, el cura obrero, el cura trabajador, el cura hombre la llamaría “mi compañera”. Compañera que hoy nos abre la historia que supo compartir con él, con su Pascual Rodríguez.

-¿Quién es Margarita? ¿Cuáles son sus orígenes?

-Nací en 1947 en la ciudad de Cipolletti, mi padre era un obrero rural peronista. Lo recuerdo leyendo todos los diarios que llegaban a la ciudad, era un hombre muy leído que nos acercaba libros y revistas permanentemente. Cuando Evita hablaba por la radio en mi casa no volaba ni una mosca, todos la escuchábamos.  Un día consiguió trabajo en una chacra de Plottier. Nos mudamos. Teniendo 16 años comencé a participar activamente en los clubes 4 A que dependían del INTA donde se trabajaba con la juventud que estaba en las chacras. Eran momentos de mucha producción, había trabajo…Lamentablemente todo eso se fue perdiendo. Al mismo tiempo también participaba en la iglesia de Plottier, dentro de los grupos juveniles. Nos dedicábamos a la atención de la gente que nos necesitaba, se hacía deporte, muchas actividades. También nos nucleábamos en la iglesia. Eso es lo que busqué siempre, juntarme con otras personas para trabajar.

-¿Cuál fue para usted la actividad más fuerte dentro de esa militancia?

-En realidad comienzo a los 20 años a trabajar en la guardería del Bouquet Roldán de Neuquén capital, que fue la primera guardería de toda la provincia de Neuquén y además me sumé en el grupo juvenil del mismo barrio que tenía una actividad social importante. Trabajábamos en los barrios, alfabetizábamos con los métodos de Paulo Freire con gente que nos capacitaban, que nos indicaban qué hacer. Era algo serio. Muy interesante. Con la guardería asistíamos a todo el cordón marginal de Neuquén, había mucha necesidad. Por mi actividad de trabajo social estábamos cerca de Monseñor De Nevares, él siempre estaba dispuesto a colaborar.

-Usted estaba militando en el grupo del Bouquet Roldán junto a la iglesia. ¿Qué lugar tenía Pascual Rodríguez en ese espacio?

-Cuando comenzó el conflicto de la huelga, yo no lo conocía personalmente. La huelga del Chocón, generó muchos movimientos a su alrededor. Nosotros nos encargábamos de reunir alimentos que algunos compañeros los llevaban  a través de la barda hasta los obradores, porque los accesos de la ruta estaban copados por gendarmería. Los compañeros eran de la cordillera, manejaban los caminos alternativos y además nos mantenían informados permanentemente. Recuerdo que cuando Pascual es detenido,  realizamos una reunión muy importante en el colegio Don Bosco con el obispo Jaime de Nevares y todas las organizaciones sociales, religiosas, políticas. Nos reuníamos con mucho cuidado porque estábamos en una dictadura en ese momento. Como jóvenes ¿Qué hacíamos frente a esto? Se nos ocurrió salir a pintar los paredones. Me acuerdo que yo pinté “LIBERTAD AL CURA RODRIGUEZ” “LIBERTAD AL CURA DEL CHOCÓN”.

En otro momento fuí a una misa en la capilla del Bouquet Roldán y vi a un sacerdote que no conocía físicamente. Salí bastante impactada con su sermón, lo que leyó, la reflexión que hizo, realmente me impactó. Recuerdo que se refirió ala Virgen Maríamostrándonos a una mujer con su hijo. Sus palabras fueron claras. Pascual era un hombre claro, con un gran poder de síntesis. Nos llevaba a entender lo que decía la biblia.

-¿De dónde venía Pascual?

Era Entrerriano, de Gualeguay. Venía de una familia muy humilde. Se reía a veces, me contaba que tenía los mejores promedios de la escuela primaria, pero que nunca lo pusieron en la bandera porque andaba con las alpargatas con los deditos afuera. Siempre me contaba, su mamá también lo hacía, que quería ser sacerdote, así que a los 12 o 13 años ingresó en el seminario de Paraná, ordenándose más o menos a los 27 o 28  años.

En Gualeguaychú fue expulsado por el general Galtieri quien era intendente de esa ciudad y como Pascual fue a pedir por la gente, por sus feligreses que habían sido echados de sus trabajos, el general le dijo “mire padrecito, usted se debe dedicar a lo que se tiene que dedicar que yo me dedico a lo mío”. Se fue a Buenos Aires a realizar un doctorado en teología; el obispo de Entre Ríos no lo apoyó como correspondía.

Pascual era un hombre de bajo perfil, humilde, intelectualmente muy preparado, muy inteligente, muy ávido de descubrir cosas, de ayudar. Nunca perdió… Nunca se desclasó. Nunca se creyó más que otros. Creo que nunca tuvo la dimensión de lo que los otros pensaban o veían de él. Él lo vivió con mucha tranquilidad, con mucha humildad.

-¿Cómo llega a Neuquén?

-Es muy difícil poder hablar de alguien que no está porque una quisiera poder decir todo tal cual el otro lo pensaba y a veces no es tan fácil. Primero llega con una familia conocida de Neuquén, visita un  poco el valle. Y lo que es la vida, él pasa por la chacra donde yo vivía con mis padres, no lo vi en ese momento, yo tendría unos 16 años. El patrón de la chacra cuenta cuando se va esta familia, que andaba con ellos un cura que no estaba vestido con sotana. Con el tiempo nos dimos cuenta con Pascual que había sido él el cura poco convencional.

-Le gusta Neuquén, en su segundo viaje se presenta en el obispado ante monseñor De Nevares, recorren un poco la provincia en la famosa estanciera del obispo. Cuando llega a Neuquén, el obispo está en Buenos Aires, entonces el padre Rotter de Plaza Huincul lo invita a alojarse en su ciudad, para que no se quede solo en el obispado. Pascual va con él, y el domingo después de la misa mientras Rotter lee el diario Río Negro le indica que en los clasificados salía un anuncio de trabajo donde necesitaban personal para la obra del Chocón. Pascual lo leyó y el lunes se presentó en las oficinas de Cartellonne. Esa misma tarde ya estaba en Senillosa cargando hierro, trabajando como un obrero más.

-¿Por qué un cura decide irse a trabajar como un obrero común?

-En realidad esto es un aspecto de Pascual que han mistificado. Él quería trabajar, porque siempre estuvo ligado al trabajo, no es que acá comenzó a hacerlo. Mientras vivió en Buenos Aires vendía libros y afirmaba que era un pésimo comerciante. Él siempre se ganó su pan. Cuando empezó a trabajar el obispo no lo sabía, se enteró cuando llegó de Buenos Aires.

En la obra quiso entrar como un hombre común, que no lo vieran ligado a la iglesia. Porque quería que primero lo aceptaran como a un compañero. Con el tiempo esto se dio, porque era un trabajo apostólico para él, tenía que ver con eso. Compartió todo con los obreros, vivió en las mismas condiciones.

-De alguna manera el evangelio se había metido dentro de la obra. ¿Jaime De Nevares cómo se posiciona frente a esto?

-En la película “el último viaje” dice “caí como un chorlito”. Cuando Don Jaime fue a la represa tuvo una charla con Pascual donde le cuenta  que Onganía estaba en  VillaLa Angostura; le dice que se entrevistaría con el presidente, que lo conocía porque uno de sus hermanos era militar y había sido compañero de él. Pascual le respondió que no fuera porque todo era parte de una acción articulada, un planteo, una dirección del gobierno. Monseñor fue igual. Cuando volvió estuvo muy mal. Para Jaime fue muy importante ese viaje, tuvo una gran desilusión, vio que ese muchacho, el Onganía no era el “buenito” que había conocido en otro momento.

Pascual decía que Monseñor era un tipo muy inteligente, que se dejaba evangelizar por la realidad, pero yo creo y sé como compañera de Pascual, que la iglesia tuvo una actuación en el Chocón sólo porque ahí había un curita  tercermundista. Movimiento que él ya traía desde Entre Ríos. Estando en el Chocón se vinculó mucho conla Forja, conla CGTde los argentinos; ya había estado trabajando con Rodolfo Walsh. Fue muy interesante y rica su actuación. Nunca perdió la humildad, pudo entrelazarse con sus compañeros, siendo un trabajador antes que un sacerdote.

-¿Cómo cree que impactó la vivencia del Choconazo en la vida de Pascual?

-Después de la huelga del Chocón lo echaron y no lo dejaban entrar de lunes a viernes. Entonces iba los sábados y domingos, ahí hacia un poco de catequesis, seguía dando la misa en la escuela porque nunca dio misa en la iglesia de la villa, así que seguía yendo a la villa temporaria. Como no podía trabajar ahí comenzó a ir al taller del cura Galbiati, espacio muy cercano al grupo donde yo estaba. Ahí comenzamos a vernos. La militancia hizo que nos viéramos más seguido en función de las actividades y acontecimientos, movilizaciones, reuniones en las que participábamos. Era una época de mucha actividad social y política.

Cuando dejé de participar en el grupo de jóvenes del Bouquet Roldán, me sumé en el Frente de Agrupaciones de Base en el barrio Sapere, donde habían compañeros peronistas, marxistas, maoístas. Estaba bueno porque pudimos realizar un trabajo interesante. Pascual en ese momento estaba en Italia debido a las amenazas bastante desagradables y peligrosas que había recibido. El obispo lo convenció para que se fuera un tiempo. Allá en Italia también trabajó en una fábrica. En el 73 con las elecciones de Cámpora, vuelve para votar y se queda. Yo comencé a militar en la juventud peronista.

De a poco nos enamoramos. Creo que con humildad y silenciosamente formamos una familia, no eran tiempos fáciles. El 76 fue una época difícil. Pascual tenía mucho sentido del humor, se reía y me decía “Margarita, nosotros nos exiliamos en Plottier”, porque antes vivíamos en capital y luego decidimos venirnos  para acá. Siguió trabajando como albañil, colocaba pisos, azulejos. Estudió para docente de primaria en el IFD Nº 5, fue parte de la primera promoción de maestros. Después entró a trabajar en CALF haciendo pozos para los postes, sus amigos insistieron para que accediera a ingresar en la cooperativa. Es así cómo comienza a dar clases en una escuela técnica, de oficio que tiene CALF y luego estuvo en el Instituto de Acción Cooperativa. También tuvo a cargo la revista de la cooperativa por varios años. El último trabajo importante en la cooperativa fue durante la crisis del 2001 con pequeños grupos de trabajadores, de desocupados. Siempre aparecía Pascual detrás del trabajo. Era algo que lo movilizaba independientemente del lugar en el que estuviera. Pascual fue mucho más que el cura obrero, pero la gente por ahí lo tiene vinculado al Chocón y entiendo que sea así porque fue muy importante el Choconazo, no sólo fue sustancial para la gente que estaba dentro de la obra, sino que puedo decir que hay un antes y un después del Chocón en toda la provincia: marcó un punto importante en nuestra historia. Desde entonces podría pensarse a esta Neuquén como una provincia cuestionadora.

-Si tuviera que definir a Pascual en pocas palabras… ¿Cuáles elegiría?

Era un hombre íntegro, respetuoso de los pensamientos, muy seguro de sí, sabía muy bien lo que quería, la tenía muy clara.

En esa obra había gente de todo el país. Esto fue una de las cosas que a Pascual le inquietaron mucho, por eso me interesa mostrar la parte humana de él. Estaba muy preocupado por la convivencia y el desarraigo que tenían los compañeros, había gente de Bolivia, Jujuy, Salta sin sus familias, estaban solos. Esto era parte de su compromiso como religioso. Era un hombre con muchísima fé en Dios y con una vocación sacerdotal que llevó hasta el último día que vivió conmigo. Nunca perdió su vocación.  Yo no hubiera tenido ningún problema de vivir con él en una iglesia. Lo conocí así y me enamoré de él siendo sacerdote. Recuerdo cuando explicó en  la última iglesia donde estuvo como cura, los motivos por los que se iba. Algunas personas le dijeron “¿pero por qué Margarita no puede vivir acá?” Es increíble cómo la gente puede ver con tanta simplicidad y naturalidad que un cura pueda tener a su compañera y su familia. Él nunca renunció a ser cura. La iglesia renunció a él. Pascual fue un hombre integro, que amó mucho a sus hijos, que se preocupó por ellos y por mí.

fotos: Noelia Sueldo

6 thoughts on “Pascual, el cura obrero, el cura trabajador. Una historia de lucha.

  1. Pascual fue un gran hombre que dejo una herencia riquísima, compuesta por valores morales, filosofía de vida que hoy muy pocos pueden sostener.Su familia (Margarita y sus cuatro hijos) hoy siguen transmitiendo sus ideales para que su memoria siga viva e intacta ,y muchos puedan saber, conocer quien fue y como procedió Pascual mientras estuvo aquí en la tierra.
    Yo tuve la oportunidad de conocerlo, en su últimos años de vida, pero lamentablemente ya no nos podía trasmitir oralmente muchos de sus pensamientos debido a la enfermedad que padecía.
    Lamento que no pueda estar aquí con nosotros para disfrutar de cosas maravillosas, como los nietos, los hijos, Margarita, los amigos, la familia extensa. Seguro esta mirándonos y gozando desde otro lugar que tata Dios le destinó..
    Gracias Pascual por tu ejemplo de vida,por mostrar que el trabajo ennoblece y le da sentido a la vida de la persona, gracias por todo lo que has dejado por tu paso aquí. gracias a su familia por mantener viva su memoria.

  2. hermoso recuerdo de Pascual, así como la claridad con que lo presenta Margarita. Pascual Rodríguez ha sido y es un tipo imprescindible. Gracias Margarita!!

  3. Hermosa nota!!! Tube la suerte de conocerlo y compartir momentos familiares con él y doy fe que todo lo que Margarita cuenta es asi y que hay cosas imposibles de transcribir en palabras. La cara de Margarita en la foto de la nota es la mejor evidencia de que aún sigue enamorada…..y así será hasta que vuelvan a encontrarse.

  4. Chicas: Qué buena entrevista. Texto y fotos. Me encanta el personaje, no lo conocía, hay que seguir rescatando a esta gente tan valiosa, para reconstruir la historia… Cariños

  5. ¡Bien por ATEN, rescatando personajes esenciales de la historia neuquina reciente que pareciera haber interés en esconderlos! Y hablo de Pascual y Margarita, que no son los únicos. Enorme desinterés hacia sí mismos; enorme interés por el prójimo en ambos y tantos casos. Se hacía cuesta arriba mantenerse ateo al lado del ejemplo de Pascual y Ettore. Un beso ruidoso para Margarita, exdirectora y autora teatral en Sapere. Flaco Galván

  6. Tuve el honor de conocer a Pascual, de ser su amigo, de conocer sus historias, de compartir charlas. Lo llamé por teléfono días antes de su fallecimiento, me pidió que vaya a verlo, no pude ir, y eso me pesa hasta hoy. Pascual Rodriguez, un amigo.

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